Con numerosas referencias a los Papas Juan XXIII y Paulo VI, los que dirigieron el Concilio Vaticano II que abrió a la Iglesia Católica al mundo del siglo pasado, el papa Francisco publicó su primera exhortación apostólica de su total autoría, documento que tituló en latín como Evangelii Gaudium o La Alegría del Evangelio, en la que marca pautas muy claras y concretas para entender que se viene una reforma profunda que pretende sacar a la Iglesia de los templos para ponerla en contacto con el mundo.
ocmarroq@lahora.com.gt
Los puntos esenciales del documento papal tienen que ver específicamente con “a) La reforma de la Iglesia en salida misionera. b) Las tentaciones de los agentes pastorales. c) La Iglesia entendida como la totalidad del pueblo de Dios que evangeliza. D) La homilía y su preparación. e) La inclusión social de los pobres. f) La paz y el diálogo social. g) Las motivaciones espirituales para la tarea misionera.”
Creo que cada católico tiene que leer el documento y valorarlo de acuerdo a su propio sentido de la fe. Para el efecto, en La Hora decidimos publicarlo en nuestra edición de Internet íntegro para que lo podamos ir meditando con seriedad y entendimiento. Se trata, como lo definen los puntos que desarrolla el Papa Francisco, de terminar con la Iglesia que espera en los templos a que lleguen los fieles para salir a la calle a buscarlos y ayudar en su conversión con un criterio muy definido en los temas sociales. El Papa critica con severidad el consumismo individualista que se ha apoderado de la humanidad y que cierra el espacio para la solidaridad, el gran sentido de nuestra fe que parte de la creencia de que siendo todos hijos de Dios, no es posible cerrar nuestra mente y el corazón hacia el sufrimiento de quienes se encuentran en condición de alguna pena, cualquiera que esta sea.
El Papa Francisco, al utilizar con tanta frecuencia la opinión del último Sínodo de los Obispos y la reiterada mención de los Papas Juan XXIII y Paulo VI, está marcando el paso hacia una visión menos autoritaria y dogmática para alentar una visión de reforma que tiene raíces en las Conferencias Episcopales del mundo que conocen la realidad dinámica de la vida actual. Firme en cuestiones como el aborto, que son en realidad cuestiones de fe porque tiene que ver con la concepción cristiana de la vida misma como un don de Dios, el Papa esboza, sin embargo, amplitud en otros campos, específicamente señalando que las reglas y normas no pueden ser una camisa de fuerza que separe a la Iglesia de su pueblo. Y menos aún, que por su propia seguridad, la Iglesia y sus sacerdotes se confinen como hace el curita aquel que quiere que las mujeres lleguen al templo tapadas de pies a cabeza para que no lo pongan a él en tentación.
Una Iglesia evangelizadora que pretende la inclusión social de los pobres es coherente con los principios mismos de nuestra fe. Por supuesto que en este mundo que nos toca vivir, la voz del papa Francisco suena a trueno en algunos sectores que disienten del sentido de la solidaridad y que creen que la salvación y el éxito de la persona son parte excelsa de ese individualismo a ultranza que pregonan y que considera impropio el tender la mano al necesitado porque estiman que las actuales enseñanzas económicas a lo más que llegan es a pregonar el bienestar por derrame, el famoso trickle down economics, que si acaso se ha de producir de forma espontánea, sin que nadie lo promueva o lo busque.
La lectura de la exhortación es enriquecedora y motiva a vivir la fe con más alegría, entusiasmo y entrega. Ojalá esos nuevos vientos nos traigan un cambio profundo.
Para leer la exhortación completa, pulse aquí.