Presupuesto: Q70.6 millardos, ¿para beneficiar a quién?


pedro-pablo-marroquin

En el 2013 tuvimos un desfinanciado presupuesto de Q66.9 millardos al que le fueron “mal calculados” los ingresos y para el que ha sido necesario recurrir a más deuda, letras de tesorería, transferencias y desorden. Para el 2014, el Ejecutivo presenta un presupuesto de Q70.6 millardos y se aferra a que ese debe ser el techo a pesar de los pedidos de la oposición y la sociedad civil que se reduzca el mismo. Para mí el problema no es el monto, sino cómo se usa, la poca calidad del gasto y la corrupción.

Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt


El Ejecutivo ha presentado una iniciativa de ley con la que pretende corregir los errores de la reforma fiscal que no le permitieron alcanzar los ingresos estimados y se aferra a ello para no bajar el techo presupuestario, aunque no vaya a creer usted que ya no se contempla la adquisición de más deuda.

Yo lo que siempre me he preguntado es, ¿a dónde va a parar el dinero del presupuesto si resulta que cada año aumenta el techo del mismo, pero no vemos mejoras sociales en el país al mismo ritmo que aumenta el presupuesto?

El miércoles en su columna semanal, Marco Vinicio Cerezo Blandón, nos hizo el favor de evidenciar la relación del presupuesto con el Producto Interno Bruto y que aún con los 70 mil millones quedamos abajo del promedio mundial, y compara nuestro gasto público con el de Costa Rica, lo cual explica las diferencias abismales que hay en desarrollo.

En Guatemala seguimos con las mismas carencias en salud, educación y seguridad porque no se ha decidido invertir en la gente y para la gente. Salvo los políticos en la guayaba que tienen la necesidad de creerse las mentiras que les dicen, pensarán que la Guatemala que gobiernan es mejor que la que criticaban desde la oposición; para la mayoría no hay franca diferencia o incluso se percibe un retroceso.

A muchos guatemaltecos les pesa, con razón, pagar unos impuestos que sirven para que unos cuantos pícaros funcionarios y contratistas del Estado incrementen sus caudales financieros, pero ese hecho, que se roben el dinero, no termina siendo un revulsivo necesario para dictar una nueva y más aguerrida forma de fiscalización ciudadana. Se termina justificando “la creatividad” para pagar menos impuestos bajo el argumento de que se los roban.

Y de ajuste, nada decimos con el ritmo de la adquisición de una deuda que sirve más para funcionamiento o pagar otra deuda que para inversión en la gente y en servicios para la gente, lo que la hace además de inmoral, ilegal. Como es deuda que no se utiliza para luego generar más ingresos, en algún momento no podremos pagarla y cuando estalle la bomba que se ha fraguado por años con presupuestos desfinanciados y que sirven de motor para la corrupción, lo que veremos son recortes de los servicios básicos.

Para las personas marginadas y pobres de este país los recortes se sentirán de inmediato porque los rubros de salud y educación, los corruptos subsidios, así como los programas sociales que ya de por sí han disminuido aunque les persisten los vicios de falta de transparencia, serán recortados afectando a los que siempre pagan los platos rotos.

Qué decir de los naturales recortes a la seguridad y a los aparatos de justicia que no discriminarán y serán una ventana más para las mafias que acrecentarán su poder; la gente tendrá menos dinero en sus bolsas para consumir e invertir, con el riesgo que si pasa la reforma migratoria en Estados Unidos bajen las remesas que son el verdadero sustento de la economía nacional.

Todo lo anterior solo se podrá enderezar si como ciudadanos empezamos a jugar un papel más activo y dejamos de ser parte de un sistema que da apariencia de sólido, pero cuya única solidez es para alimentar la corrupción, la impunidad, las injusticias y el tráfico de influencias que se ganan al financiar las campañas en dinero o en especie.

Cuando llegue ese día en que Guatemala no pueda pagar sus compromisos y los organismos internacionales nos aprieten y veamos un panorama aún más negro, no nos podremos quejar porque, consciente o inconscientemente, fuimos parte de un sistema que estaba pidiendo a gritos un cambio, pero por alguna razón, sea ésta indiferencia o porque nos atrapó el día a día de la vida, no hicimos nada para enderezarle el rumbo.

Los políticos y sus aliados en la corrupción, serán responsables, pero también lo seremos usted o yo que tan poco hicimos nada para detenerlo.