El suroeste del Estado de Florida, especialmente en los condados de Collier y Lee, constituye un verdadero reducto del conservadurismo en Estados Unidos y allí ha crecido mucho el movimiento ultraconservador del Tea Party que ha quebrado la unidad de los republicanos por sus posturas fundamentalistas tanto en lo fiscal como en lo político y lo moral. Enemigos de cualquier desviación o vicio, sus dirigentes vociferan contra los homosexuales y el aborto con la misma fuerza con la que se oponen a legalizar la situación migratoria de los latinos, al tiempo que reclaman la abolición de los impuestos y el desmantelamiento del Estado.
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Dentro de ese vociferante radicalismo, el joven político Trey Radel llegó a tener tal liderazgo porque superó a sus compañeros de movimiento en cuanto a la enérgica condena de las desviaciones de la vida moderna que corrompen a la sociedad, que fue electo como representante al Congreso de los Estados Unidos, ocupando uno de los escaños más conservadores del país y actuando en nombre de sus representados que son la crema y nata del rechazo a Washington, al sistema político norteamericano y no digamos a la idea de que un presidente negro imponga un programa de salud como el llamado Obamacare.
Sin embargo, el pasado 29 de octubre fue un día especial para el congresista Radel, puesto que un agente encubierto le vendió 3.5 gramos de cocaína por doscientos cincuenta dólares. Recibida la droga y el dinero, el agente se identificó y consignaron al diputado, quien admitió su culpa y ha empezado un tratamiento para rehabilitarse y romper con sus adicciones a la droga y al alcohol.
Seguramente no es el primero, ni el único y tampoco será el último político que consuma cocaína y se tome los tragos, pero en este caso el crimen adquiere una proporción especial porque es el reflejo de la doble moral que caracteriza a muchos de los que despotrican contra lo que consideran inmoralidades ajenas. Es como el caso del diputado que fue abanderado de la lucha por lograr el juicio político contra Clinton por el Caso Lewinsky, con los discursos más agresivos en defensa de la necesidad del rescate moral de la nación castigando al Presidente, para comprobarse después que él mismo tenía una aventura extramarital precisamente en el tiempo en el que condenaba el comportamiento de Clinton y pedía su cabeza.
Hace pocos días, conversando con algunos jóvenes sobre los radicalismos políticos de nuevos movimientos conservadores, les decía que el fenómeno del Tea Party tiene que ser estudiado detenidamente porque precisamente se caracteriza por esa doble moral, por ese falso puritanismo que les sirve para encubrir su radicalismo político. Les decía, eso sí, que aun los más radicales miembros del Tea Party serían vistos como comunistas por nuestros libertarios guatemaltecos que consideran impropias hasta las posturas de los Chicago Boys porque ellos abrazan con fe dogmática las enseñanzas de la escuela austriaca.
La región de Florida representada por Radel es posiblemente la que más conozco y en la que desempeño buena parte de mi vida. Tengo muchos amigos y conocidos que están encandilados con la prédica de esta nueva casta política y me llama la atención la forma en que aceptan que su partido, el Republicano, vaya a tener que resignarse a no luchar por el poder debido a la profunda división existente y a que el radicalismo ultraderechista no podrá obtener respaldo nacional para convertirse en la principal fuerza política. Pero con todo y eso, pintan a políticos como Radel como ejemplares dignos de crecer en la escena nacional. Lástima grande para ellos que unos gramos de cocaína le hayan desnudado al punto de que se le pueda ver, realmente, tal cual es.