Cuando el actual régimen consiguió aprobar la Reforma Tributaria, así como la denominada ley antievasión, en un período tan corto de gobierno, me pareció que era todo un récord, puesto que ningún gobierno durante el período democrático había conseguido tal hazaña en un período tan reducido. Ni siquiera el régimen de Berger pudo hacerlo, a pesar de gozar de la simpatía del sector privado, igual contrastaba duramente con la incapacidad del gobierno de Colom, puesto que resultó ser el primer gobierno democrático sin que pudiera negociar una reforma tributaria.
Todo ese buen resultado hoy ha quedado olvidado. Las imprecisiones de ambos cuerpos legales demostraron su ineficiencia y su escaso impacto. La reforma fue sujeta de varios recursos legales en contra de diferentes artículos y todavía se encuentran algunos pendientes de ser resueltos y por otro lado, las autoridades del Ministerio de Finanzas, no se encontraban preparadas para poder implementar los cambios incluidos en dicha reforma, ello obligó al Presidente a otorgar exoneraciones fiscales en el caso de las aduanas, a partir de esas graves deficiencias.
Luego vino el desgaste entre el exsuperintendente y el exministro de Finanzas, concluyendo en la salida del primero, pero ello tampoco mejoró la recaudación, al contrario, decayó y hoy con un nuevo superintendente opaco, se militarizan las aduanas para elevar la recaudación. ¿Cuándo se ha visto este tremendo disparate que con la intervención militar de las aduanas se va a elevar la recaudación?, ¿cuándo en la historia moderna de nuestra sociedad se buscó intervenir operativamente las aduanas para mejorar los ingresos?, la respuesta es nunca.
El peor de los indicadores de que la reforma tributaria es un fracaso, es el hecho de que este gobierno se siguió endeudando, a pesar de la rigidez de los ingresos tributarios y hoy siguen contratando deuda en el Congreso de la República, para financiar el próximo presupuesto de 2014 y hoy vemos a un presidente Pérez que señala que no es necesario bajar el monto del presupuesto, que no lo convencen quienes se oponen al monto propuesto.
¿Será que escucha a sus asesores y técnicos en materia tributaria y fiscal?, yo creo que tal vez sí, pero igual sigue con sus aseveraciones superficiales y sin el menor análisis. Para él hay que mantener el presupuesto en su máximo, porque sí, sin detenerse a pensar en su fragilidad en materia de ingresos, sin analizar el crecimiento permanente de la deuda, sin visualizar los efectos de un déficit fiscal creciente, sin comprender que una de nuestras grandes debilidades está en que nuestros ingresos son cada vez más rígidos y difíciles de alcanzar y que con ello se hace también cada vez más difícil cubrir el servicio de la deuda (amortizaciones, comisiones e intereses), se lo habrán dicho al presidente Pérez, si así fue –sino vea lo que dicen las autoridades del Banco de Guatemala–, que pena por él de no tener la capacidad de comprender esa fragilidad, si no fue así, otra vez, los aduladores se encargan de engañarlo.
Así que vamos llegando al momento de aprobar el presupuesto en el marco de negociaciones políticas sin que se analicen las observaciones, reflexiones y críticas de tipo técnico que se hacen al proyecto de presupuesto, únicamente con la intención de hacerle ver a las autoridades que el momento es crítico, demanda seriedad en el análisis y serenidad en las decisiones. De otra forma, éste constituirá otro grave error del actual régimen, que ya suma varios y que continúa en la senda del desgaste político, la reiteración de la irresponsabilidad y la indiferencia e indolencia hacia el pueblo.