En la niñez las personas de manera real necesitan la aprobación y aceptación de los padres o cuidadores primarios. Siendo ellos quienes tienen la posibilidad de darles instrumentos para la construcción de la confianza en sí mismos. Pero en la edad adulta, la necesidad de aprobación externa no tendría que ocurrir como tal. Ya que se espera que para ese entonces, las personas formen un criterio propio y que la opinión personal prevalezca en grado de importancia ante las otras opiniones.
Es normal que toda persona desee recibir halagos y cumplidos, pero si no los recibe de manera externa no debería este hecho constituir una hecatombe en su vida. Considerar la opinión de otras/os, más valiosa que la propia puede constituir un error. Ante todo cuando la aprobación se convierte en una necesidad y no tan solo un deseo. Para vivir con autorrealización, se hace imperativo trabajar en contra de ésta.
Las otras personas pueden tener prejuicios, o vernos con ojos de disgusto, o animadversión, de tal forma que, todo lo que hagamos o seamos será observado como un agravio. Habrá gente a quién solamente nuestra presencia en este mundo pueda constituirse en malestar. Lograr obtener nuestra propia opinión de quiénes somos y de las circunstancias que nos ha tocado vivir se hace preciso para la apropiación de nuestro ser y de nuestra vida. En ocasiones nos tocará una experiencia en la cual posiblemente, nadie del grupo social, apruebe o se encuentre de acuerdo con nuestro sentir o pensar. Pero podemos vivir con ello, sin derrumbarnos, esforzándonos por entender cada contexto, apreciando las ideas y sentimientos de los demás con respeto y apertura. Al fin de cuentas nadie tiene una verdad absoluta, la subjetividad de cada quien impregna la percepción de su propia realidad.
Cuando hay una opinión contraria a lo que nosotros pensamos o sentimos, es solo eso, una opinión contraria, de manera forzosa no implica que estemos siendo rechazados. Aunque en ocasiones, también podría darse esta opción de manera acompañante. Pero continuamos viviendo, aunque seamos disímiles, aunque sintamos o seamos presa del rechazo. Mantener un criterio pese a la contradicción que se establece con otras personas, es un acto de valor. Por comodidad podríamos asumir lo que otros han asumido, para evitar conflictos, para estar bien con los demás. Pero entonces, no podríamos estar bien con nosotras/os mismas/os. Esto no debería implicar esforzarnos en buscar conflictos y disgustos en cada ámbito social que frecuentemos. A veces, será más prudente y tal vez inteligente no expresar lo nuestro. Tal vez, porque el ambiente no es el propicio, porque los resultados anteriores no han concluido en ser buenos. Y eso no significa ceder ante las circunstancias, sino que yo puedo ver las cosas diferentes y en mi familia como ejemplo, no aceptar e incluso rechazar mi punto de vista. Si yo sé esto, no es que yo esté renunciando a mi propia manera de focalizar el mundo y que ceda ante los demás. Es que en este contexto, yo no voy a cambiar nada, no voy a tener ningún logro al exteriorizarme, pero si puedo llegar a establecer dificultades de relación ante personas que tanto quiero.
Es algo así como si alguien que plantea que Dios no existe; entonces busca una familia religiosa para exteriorizar sus planteamientos ¿Qué logra? ¿Por qué lo hace? Tal vez, el logro será desarmonizar en el grupo, posiblemente lo hace porque disfruta poniendo a las personas en esa situación o porque busca el reconocimiento y la práctica de sus propios límites, los cuales aún desconoce y le da temor constituirse en un ser dependiente. Ya que una persona que busca la aprobación de otras personas para vivir su vida, se convierte en dependiente de ellas. Les entrega el control de su vida a otras, no decide ni tampoco realiza elecciones que le hagan ser responsable de sí misma y de sus elecciones de vida.
Para concluir propongo la reflexión de algunas frases de Saramago, escritor portugués, que se expresan en su libro ensayo sobre la ceguera: Pienso que todos estamos ciegos / Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran / Probablemente, sólo en un mundo de ciegos serán las cosas lo que realmente son / Si alguna vez vuelvo a tener ojos, miraré verdaderamente a los ojos de los demás, como si estuviera viéndoles el alma /… Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre, esa cosa es lo que somos.