Respeto a los niños


Editorial_LH

El alud de acontecimientos sobre el Caso Siekavizza generó una gran conmoción desde ayer en la sociedad guatemalteca porque se trata de un caso que ha merecido atención de la opinión pública no sólo por las interferencias poderosas que se pusieron en juego para encubrir el crimen, sino por el drama que rodea a los dos niños hijos de la pareja Barreda Siekavizza.


La captura del padre es fundamental y rompe la cadena de impunidad alentada por el tráfico de influencias. Ya habrá tiempo de referirse a ese individuo mientras se desarrolla el proceso en el que ya empiezan a surgir artimañas como la de un hombre que evidentemente gozó de buena vida mientras estuvo prófugo, engordando varias libras, declarándose mañosamente enfermo para evadir la cárcel. No faltará algún médico de esos que se han prestado y se prestan para certificar falsedades, que diga que son reales las pretendidas dolencias del acusado.

Pero nuestra preocupación esencial en este momento son los niños de la pareja, puesto que esas dos criaturas han sufrido no sólo la pérdida de su madre, sino obviamente un acoso mental para forzarlos a vivir en esa nueva realidad que con apoyos externos forjaron en Mérida, estado de Yucatán. Sabrá Dios qué mentiras envenenaron su vida para explicar la desaparición de la madre y la lejanía de los abuelos maternos. Cuánta vileza se habrá filtrado maliciosamente en la vida de esos pequeños que vuelven a lo que fue su hogar, su familia, con enormes confusiones porque en su pequeño mundo es difícil entender lo que pasó, por qué pasó y lo que viene ahora.

Creemos que la sociedad, y la Prensa especialmente, tenemos que ser muy respetuosos de la intimidad y del derecho que tiene esa familia de intentar eliminar tanta bazofia para, dentro del drama real de la ausencia materna, puedan aspirar a una vida que se pueda calificar como normal. El apoyo a la familia de Cristina estará siempre presente, pero con el debido respeto al proceso de sanación que inician ahora.

Creemos que es del caso reconocer la tenaz lucha, librada con toda compostura y sin aspavientos de ninguna clase, por Juan Luis y Angelis Siekavizza para dar con el paradero de sus nietos y, por supuesto, con el sindicado de la muerte de su hija Cristina. Nos han dado un ejemplo de sobriedad, de firmeza ejercida con suavidad, de no dejarse abatir por el dolor ni frustrarse por los reveses de un sistema corrupto. Ejemplo que les enaltece y nos compromete para hacer lo mismo en la búsqueda de la Guatemala que ansiamos.

Minutero
Empieza otro juicio emblemático
en nuestro país problemático;
¿prevalecerá la estulticia
o ha de vencer la justicia?