“Una enorme plantación y fábrica recién abrieron en la aldea indígena donde vive la Sra. Quirix.” Así inicia Jeff DelViscio su reportaje para The New York Times, uno de los periódicos más leídos del mundo. Mike McDonald contribuyó haciendo el reporte y mostró las injusticias políticas, sociales y económicas de las que adolece este fallido país centroamericano que significa tanto para los guatemaltecos: Guatemala.
Tomando ideas y algunos datos que traduje del artículo de Jeff, puedo mencionar que Guatemala es un país donde la mayoría de familias gasta cerca de dos tercios de sus entradas en comida. “El promedio de los guatemaltecos está sufriendo más de hambre debido al desarrollo del biodiesel”, dijo Katja Winkler, un investigador de Idear, organización guatemalteca sin fines de lucro que realiza estudios sobre asuntos rurales.
A grosso modo, el 50% de los niños de la nación guatemalteca están desnutridos, Guatemala ocupa el cuarto lugar más alto de la tasa mundial en ese campo, de acuerdo a las estadísticas de la ONU, aunque el gobierno diga lo contrario en su descalabrada propaganda.
La Norma Estadounidense Renovable de Combustibles establece que un volumen creciente de biocombustible sea mezclado cada año dentro de su provisión de combustibles para reducir las emisiones de dióxido de carbono emanado de los carburantes fósiles con el fin de reforzar la seguridad energética de la nación. De una manera similar, para 2,020 los combustibles de transporte en Europa deberán contener el 10% de biocombustible.
Grandes compañías como el conglomerado de azúcar Pantaleón, el más importante productor de azúcar en Guatemala, tienen mayores dividendos a raíz de esa nueva demanda mundial con un flamante crecimiento anual mayor del 30% de utilidades. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) dice que la nueva industria podría traer una infusión de dinero y trabajo para la economía rural de Guatemala, si fuera desarrollada correctamente. Desafortunadamente el arcaico pensamiento de los grandes capitalistas de Guatemala anda muy lejos del deseo de desarrollar al país y a los guatemaltecos. Por de pronto, la industria azucarera provee cerca de 60 mil trabajos y la industria de Palma Africana 17 mil, aunque las plantaciones son de bajo costo laboral y la difusión económica no es mucha.
Hay preocupación por los pobres de Guatemala, que son la gran mayoría de sus habitantes, quienes sufren por el desvío de alimentos a combustibles. “Hay pros y contras en el asunto del biocombustible; pero no aquí” dijo Misael González del C.U.C., una organización de campesinos guatemaltecos. “Esta gente no tiene suficiente alimento. Ellos necesitan comida. No pueden comer biocombustibles y ellos no manejan automóviles”, finalizó González.
Esto, en otras palabras quiere decir que conforme crece la demanda de biodiesel, en esa misma proporción aumenta la punzada del hambre en el estómago de los guatemaltecos y en el estómago de los pueblos más pobres del orbe. Verdaderamente, las personas que no conocen esta causa-efecto, no tienen la mínima idea de lo que esto representa a nivel nacional y global hacia el futuro próximo. Representa, literalmente, hambruna mundial.
Los grandes capitalistas y los gobiernos guatemaltecos, incluido el actual; para ser utilizados en minería e insumos para biodiesel, han despojado con engaño de tierras a los más pobres, quienes dentro de su necesidad e ignorancia, han vendido a precios ridículos los terrenos en los que producían su alimento para subsistencia.
Si este gobierno verdaderamente quisiera disminuir el hambre en Guatemala, debería regular de inmediato y equitativamente el uso de la tierra, como lo han hecho otros países incluyendo a los EE. UU.
Con una bolsa de pan no se arregla el problema… aumenta. Habrá más hambre. ¿Cuántos más morirán de hambre, estimado lector, con la finta del Hambre cero?