A grito pelado la gente comenta que el dinero está corriendo entre las curules del Congreso porque al Estado le urge dinero para poder pagar el alto costo de su burocracia y así poder terminar el año 2013. También debiéramos acabar con esta miseria y lograr la correcta asignación de los recursos públicos, pues mientras la gente se sigue muriendo de hambre en las áreas rurales como en las urbanas de nuestro país, los funcionarios compran o arriendan aviones y helicópteros, intervienen dependencias estatales para llevar agua fresca a su molino o gastan a manos llenas en boletos aéreos, viáticos, combustible para los vehículos a su servicio, derrochan en banquetes y hasta en teléfonos celulares.
Atinadamente la Dirección del Diario La Hora dispuso que el Suplemento Universitario que se incluye en la edición de hoy versara sobre el tema de qué hacer para acabar con la pobreza que nos aflige, con esa falta o escasez de dinero, sin poder mejorar su poder adquisitivo o lograr otras honestas vías o medios para vivir bien, pues en Guatemala el término pobreza encuentra su sinónimo en la miseria, la que surge por falta de empleos, del infortunio derivado de tantas desgracias que ocurren en nuestro territorio, de la estrechez y la carencia de la educación y cultura para nuestra propia superación.
Lamentablemente no vemos por ninguna parte ni siquiera la más pequeña señal de cambio que nos indique que en determinado número de años pudiéramos lograrlo. Coincidentemente llegó a mis manos un documento que se titula: “Brasil asume el desafío de acabar con la miseria”, que para ellos significa retirar a 28 millones del rango de pobres y llevar a otros 36 millones de brasileños a la clase media. Pero allá sí se cuenta con planes, se coordinan y se articulan programas técnica y científicamente dirigidos por el Ministerio de Desarrollo Social. Allá sí trabajan en proyectos de corto, mediano y largo plazo en el área rural para aumentar la producción de los agricultores, en las ciudades para identificar mano de obra, como en oportunidades y empleos para los más pobres.
Pero no se contentan solo con lo antes descrito, paralelamente buscan garantizar mayor acceso de la población pobre al agua potable, a la energía eléctrica, a la salud, a la vivienda y tal vez lo más importante, para la educación. Pero aquí, ni siquiera hemos sido capaces de trazar y delinear mapas para identificar en dónde está la pobreza, en dónde hay oportunidades, cómo poder identificarlas y encontrar rutas de desarrollo para lograr en lo individual y colectivamente mejorar el nivel de vida de nuestra gente. Prácticamente ya perdimos los dos primeros años del actual gobierno para haber desarrollado lo anterior. Tiempo perdido que “hasta los santos lo lloran” que podría recuperarse si las promesas realmente se tornaran en compromisos, dejando así de lado la politiquería de siempre.