Asombrosa estupidez


Eduardo-Villatoro-2013

Anteayer en la tarde llamé a un camarada politólogo a quien aprecio mucho, para agradecerle sus conceptos, a propósito del artículo que publicó mi colega y entrañable amigo Oscar Clemente Marroquín, acerca de un burdo espionaje que sólo alcanzo a suponer (porque es imposible comprobarlo) en el sentido de que soy objeto, mediante la interferencia de mi teléfono móvil. Le decía a mi interlocutor que se requiere ser redomado estúpido, al pretender establecer si persigo desestabilizar al Gobierno, porque no es necesario acudir a ese expediente para conocer mi conducta, teniendo a la vista los artículos que publico; y en vista de mi poca trascendencia, ni el Presidente ni el Ministro de Gobernación perderían su tiempo en ordenar que se “pinche” mi celular, sino que sería una burda maniobra de “algunos zopencos de medianas y bajas esferas de los órganos de seguridad”.

Eduardo Villatoro


De inmediato la conversación se interrumpió. Me comuniqué nuevamente por otro aparato que utilizo cuando llamo a fuentes que me proporcionan informaciones confidenciales y que posteriormente divulgo.
  
Le había contado a Oscar Clemente que el viernes 11 comencé a detectar problemas con el artefacto. Lo llevé a la empresa en la que estoy abonado para su revisión, diciéndome que estaba en perfectas condiciones, pero el sábado me quedé incomunicado. El jueves 10 había publicado un artículo en el que señalaba que, según mis informantes -que me revelaron nombres y lugares-, presuntos “operadores políticos” del Ejecutivo se reunían con el “Grupo de los Seis” magistrados de la Corte Suprema de Justicia que impulsan la candidatura de su homólogo Luis Pineda para la presidencia de ese Organismo.
   Ese teléfono funcionó repentinamente el martes 15, pero por falta de apropiada coordinación no pude reunirme el lunes anterior con cierto influyente personaje con quien nos habíamos citado previamente.
   Inicialmente pensé que la interferencia obedecía a que algún torpe investigador me había confundido con el presunto narcotraficante Guayo Cano, pero un experto en estos menesteres indicó que sólo un imbécil aprendiz de espía podría haber cometido semejante estulticia y que mi teléfono fue “pinchado” deliberadamente.
  
Mientras, las elecciones internas en la CSJ han naufragado y asumió transitoriamente la presidencia el vocal primero Érick Álvarez, a quien sus colegas le dicen “el Londinense”  porque se llevó de “intérprete” a Brasil a la guapa jovencita Londy, empleada del Organismo Judicial, y en las playas de Recife un hombre maduro y calvo fue visto ridículamente acaramelado con una chica que pudiera ser su nieta. Pese a que viajó con gastos pagados por el gobierno anfitrión, recibió en concepto de viáticos alrededor de Q120 mil.
  
Adicionalmente, organizaciones populares lo señalaron de haber sido el notario que fraccionó las escrituras por cuyo medio la minera Marlin compró terrenos a precios irrisorios a pequeños e incautos agricultores de San Miguel Ixtahuacán. Ahora que encabeza de nuevo a la CSJ temporalmente, ya está haciendo de las suyas, puesto que destituyó a abogados y a otros funcionarios claves del OJ.
  
Si se prolonga su gestión, aunque sea provisionalmente, o se impone la candidatura del magistrado Pineda, es de imaginarse lo que se espera en la integración de las comisiones de postulación que dirige el presidente de la CSJ, independientemente de quien fuere, ya sea una jurista probo y capaz, o un leguleyo deshonesto, oportunista e inescrupuloso.
   (El güizache Romualdo Tishudo cita a Sócrates: Un juez virtuoso escucha cortésmente, responde sabiamente, pondera prudentemente y decide imparcialmente).