Para variar, nadie es responsable


Oscar-Marroquin-2013

El desprendimiento de un carrito en una montaña rusa instalada en un terreno privado en la ciudad de Quetzaltenango y que causó la muerte a dos jóvenes y heridas a otros dos, viene a poner en evidencia cómo es que vivimos en un país donde la ausencia de controles hace que cada quien haga lo que le da la gana, aunque sea jugando con la vida de la gente. Así como pasa con los vehículos del transporte público de pasajeros, con los juegos de las ferias no hay que llenar ningún requisito ni cumplir con controles de calidad. Simplemente basta que alguien vea la oportunidad del negocio y haga una modesta inversión para emprender la actividad con el único criterio de recuperar la inversión en el menor tiempo posible.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


En cualquier lugar del mundo los juegos mecánicos que se usan en parques de diversiones o en las ferias, tienen que someterse a rigurosos controles para asegurar su perfecto funcionamiento mecánico y evitar así que los usuarios puedan sufrir algún riesgo, no digamos que puedan perder la vida. Autoridades nacionales tienen jurisdicción en la materia y las locales tienen que exigir, previo a otorgar cualquier licencia para operar juegos mecánicos en su localidad, que los propietarios certifiquen que se han cumplido tales requisitos.
 
 En Guatemala nadie exige absolutamente nada y fuera del Instituto de Recreación de los Trabajadores, IRTRA, que tiene especial cuidado por la seguridad y que se adecúa a los requisitos internacionales más exigentes, el resto de lo que opera es prácticamente chatarra que se ha ido comprando como material de desecho de ferias de otros países, especialmente de México, desde donde traen las “atracciones” a nuestro país para operar en las numerosas ferias cantonales o santorales que hay en prácticamente todos los municipios.
 No es sorpresa que los dueños de la montaña rusa que operaba en Quetzaltenango no tengan seguro porque ninguna aseguradora seria podría ofrecerlo dada la precaria condición en que se mantienen la mayoría de los juegos mecánicos que se desplazan por toda nuestra geografía. No se trata de empresas grandes o serias, sino de iniciativas de personas individuales que aprovechan la ausencia de control existente para operar sin andarse preocupando mayor cosa por el mantenimiento y las normas de seguridad que son aspectos que, por supuesto, encarecen la operación de un negocio de esa naturaleza, pero que en otros países se consideran como requisito indispensable para autorizarlos.
 
 Cada vez que veo la forma en que las víctimas de situaciones como los choques de buses o lo ocurrido en esa feria de Quetzaltenango, quedo más convencido del carácter débil y fallido de nuestro Estado que no puede garantizar ni siquiera los fines esenciales para los cuales se constituye. No hay ley que se tenga que cumplir ni autoridad dispuesta a proteger los intereses del ciudadano porque nuestros diputados, por ejemplo, están muy ocupados en la extorsión al gobierno para autorizarle un par de préstamos como para andar pensando en cuestiones como una norma que establezca la exigencia de controles y requisitos de seguridad en las ferias cantonales y los juegos mecánicos que allí operan.
 
 Tras la muerte de dos personas en Xela, seguramente que los dueños de la montaña rusa simplemente harán un chapuz en la cadena que se rompió y se irán con su música a otra parte, a continuar con el juego riesgoso de ofrecer entretenimiento y entregar muerte. Ni siquiera tendrán que pintar de otro color los carritos porque aquí a nadie le importa lo que pasó y los usuarios saben que, en Guatemala, cada quien anda y vive bajo su propio riesgo.