Luego de los festejos del 20 de octubre, que dejaron pintas, demandas y cierto aire nostálgico por las figuras de Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz, bien vale la pena retornar a la realidad, y lo que es más: dirigir la vista al horizonte, y reflexionar sobre el futuro de tan preciado legado. Y valga la reflexión para comentar los manoseos de poder alrededor del deporte.
Y es que, el espectáculo de güizachadas, gazapos y “legalismos”, observado en las recientes elecciones del Comité Olímpico, muestra los entuertos en los que se encuentran ese ambiente organizativo tan noble y necesario para el desarrollo de nuestra juventud.
En las elecciones recientes del Comité Olímpico los altos directivos se las ingeniaron para interponer diez recursos de amparo en contra de su contendiente Gerardo Aguirre, quien dicho sea de paso ha escalado por todas las altas plazas del sistema deportivo, empezando como Director General del Deporte y la Recreación en el Ministerio de Cultura y Deportes. No hace mucho Aguirre fue cuestionado porque tenía dos chances bien pagados: uno en la CDAG y otro en el sistema de la Educación Física.
Aguirre fungió en las últimas semanas como todo un corredor de 110 metros con obstáculos, salvando diez recursos de amparo que le interpuso el equipo del general Camargo, quien optó y al final ganó la reelección, a pesar de que dentro de los cánones del “Derecho Olímpico”, se defiende del diente al labio el principio del “sufragio efectivo y no reelección”.
Y decimos “del diente al labio”, porque sabemos de eternos dirigentes olímpicos, que están como pegados con goma de zapatero en las organizaciones del olimpismo, y viajan por todo el mundo con jugosos viáticos inspeccionando canchas, participando en cónclaves y “observando” procesos eleccionarios, usufructuando su perpetuidad.
Llama la atención que los recursos de amparo interpuestos en contra de Aguirre tenían que ver con la ilegalidad de su participación en virtud de que había sido Presidente de la CDAG y que, según interpretaciones legales, ello le impide reelegirse en una organización prima-hermana; pero para los directivos actuales del Comité Olímpico ello no aplica.
Platicando con observadores de ese ambiente, me comentan que los propios arreglos de los cuerpos electorales están hechos para que la reelección se produzca, en virtud de que los propios directivos del Comité Olímpico tienen un voto cada uno, y ni modo que votarán en contra de ellos mismos, cuando todos ellos se están reeligiendo.
Tengamos en cuenta que hasta ahora no hemos visto los líos y complejidades que se vienen con las próximas elecciones en la Confederación Deportiva Autónoma de Guatemala –CDAG- y en la Federación de Futbol.
En lo que a la CDAG respecta, interesantes reportajes de prensa dan cuenta de la ilegalidad en que se encuentras diversas asociaciones departamentales y federaciones, en las que se replican los mismos vicios observados en los más altos niveles de la organización deportiva.
Es evidente que el respeto a la competencia en todos los ramos y a la convivencia democrática todavía muestra un largo trecho por recorrer, y que el manipuleo electoral, el apoltronamiento en el cargo y el ataque, como en jauría, de pequeñas roscas está a la orden del día en organizaciones que gozan de dinero público que les llega por orden de la Constitución Política actual.