“El riesgo de desarrollar cáncer de pulmón aumenta en forma significativa en las personas expuestas a la contaminación atmosférica”. “El aire que respiramos ha sido contaminado por una mezcla de sustancias que provoca cáncer”. Son tan solo un par de reiteradas advertencias de la Organización Mundial de la Salud –OMS– que a los defensores de los derechos de las personas en Guatemala ¡Nada les importa! Así de fácil. Que a mí me conste, si mucho un par de discursitos de poca monta le he escuchado a algún llamado defensor de los mismos, como también seguimos comprobando que los usuarios del transporte colectivo son tratados como bultos de basura, de esos que a golpes y rempujones los recolectores meten dentro de sus furgones. ¿Y qué decir del peatón chapín?
No tengo ni idea de lo costoso que resulta mantener las oficinas del Procurador y todo lo que conlleva velar por los derechos humanos en nuestro país. Tampoco tengo números a la mano para decir con precisión cuánto dinero se desperdicia con ese pretexto proveniente del exterior para entidades no gubernamentales. De lo que sí estoy seguro es que esa millonada va a parar a los congestionados drenajes con que cuenta nuestra infraestructura, porque de resultados ¡Nada les importa! Ayer mismo vi cómo un torpe taxista provocó la caída de una ancianita quien confiadamente, con el semáforo en rojo, se atravesaba la calle por el despintado “paso peatonal”; así mismo me impresionó ver una radiografía que exhibía siete clavos adentro del fracturado tobillo de una dama, que otro delincuente conductor de autobús urbano le produjo al impedirle bajar de su chatarra con seguridad.
Historias hay muchas que contar. También sobre personajes que dicen defender los derechos humanos. De entidades que con los mismos pretextos de solucionar los problemas consecuentes de su violación se han creado para saltar al escenario de supuestos paladines, que solo llegan a sumarse al ya de por sí existente cúmulo de aprovechados. Pero gente que de verdad se preocupe por defenderlos, como de velar porque se cumpla lo que nuestra Constitución dicta: “El Estado garantiza y protege la vida humana desde su concepción, así como la integridad y la seguridad de la persona” ¡Nada les importa!
La indiferencia de la población que se resume en dejar hacer y dejar pasar, nos ha llevado al punto que a quien politiqueramente le convenga llegar al cargo de Procurador de los Derechos Humanos puede lograrlo. Se acabaron los tiempos en que los méritos y la demostrada capacidad eran requisitos indispensables. Cualquiera mueve sus piezas ardorosamente atraído por una gruesa remuneración, gastos de representación y viáticos pero, de planes de trabajo, metas u objetivos qué alcanzar ¡Nada les importa! ¿Cuándo será el día en que la población guatemalteca pueda apreciar una Procuraduría responsable, capaz, segura de sí misma, que cumpla con sus deberes y responsabilidades, dejando de lado sus intereses personales?