Orhan Pamuk: El libro negro (XXXV)


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“Si había algo que convertía al mundo en misterioso, era la existencia de una segunda persona que se refugia en uno mismo, con la que vive como si fuera un hermano gemelo”.

Después de leer su cara Galip cree que comenzará para él una nueva vida, y todo lo percibe en consecuencia…

René Leiva


Paranoia, delirio, exacerbación mental, agudización de los sentidos (visual, auditivo), caprichosas asociaciones de ideas, recuerdos desatados, descubrimientos súbitos o tardíos de hechos cotidianos… En esta nueva ruta emprendida, paralela, Galip se parece (un poco) al hombre de la (o en la) multitud de Poe, pero esta multitud también es de calles, edificios, almacenes, mezquitas…

Lo que Galip leyó en las letras de su cara, y le aterrorizó, no fue sino la clave del misterio de ser él mismo y la profunda extrañeza que eso le provocó. Se leyó tal cual es y leyéndose percibió al “otro”, ese otro que, a la vez, lo leía a él mismo sin dejar de ser Galip. (Ping-pong conceptual, el espejo de la lectura).

En su nuevo deambular por las calles de Estambul, con las letras de su cara en la mente, con una nueva vida insuflada por la lectura de su rostro, Galip parece descubrir lo que conoce desde siempre, camina por vez primera las calles de su rutina cotidiana… Pero se siente vigilado y seguido por “alguien” indefinido… ¿Él mismo?.

Vuelve, recurrente, la vorágine de señales y misterios que oscilan entre significarlo todo y significar nada… Lleva puestas “sus” gafas de sol, siente la presión mental de su falta de sueño, tiene mucho de sonámbulo que sueña despierto y recuerda sus sueños más antiguos de hoy mismo… ¿Qué tan despiertos estamos cuando no dormimos? ¿Alguien nos vigila durante la vigilia?

Si en los rostros están las letras, palabras, textos, misterios y significados de todo, ¿por qué tiene importancia, o por qué no habría de tenerla, que de un tiempo a esta parte, en Turquía, el alfabeto antiguo haya sido sustituido por el alfabeto latino ¿Las letras de cuál alfabeto leemos? ¿No es Elif la primera letra del alfabeto árabe, de la que provienen las demás, y la primera del nombre de Allah?

Nada es lo que es; cada cosa es otra cosa; todo lo abarca y contiene el misterio. Conocer algo, una ciudad, la historia, uno mismo, es quedarse a medias, casi en un inicio, porque siempre hay más, mucho más que permanecerá indescifrable, desconocido. ¡Bendito sea Allah!

“Mehmet el Conquistador (…) había intuido el misterio de aquella ciudad que conquistó quinientos años antes de que Galip naciera (…) y había emprendido la tarea de descifrar lentamente ese universo en el que cada puerta, cada chimenea, cada calle, cada puente, cada acueducto y cada plátano eran señales de otra cosa”.