Entre chalecos, cascos, motoristas y la autoridad


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Camino al trabajo los veo luciendo chaleco naranja, y casco con el número de la placa. Es una medida que implanta el Gobierno por medio del Ministerio de Gobernación y según la filosofía de este plan, busca lograr el control de los 880 mil motoristas en el territorio nacional, y con ello reducir la violencia generada desde este vehículo. Igualmente otras decisiones, como, no zigzaguear entre automóviles, no detenerse cerca de los mismos, no viajar más de dos personas y otros detalles que se han puesto en vigencia en los departamentos de Guatemala y Escuintla.

Edith González


Una copia del plan de seguridad vial colombiano, que tiene veinte años de vigencia y sabemos que allí el sicariato sigue activo. Preguntémonos entonces, si la experiencia colombiana es buena para Guatemala. En principio se trata de dos culturas diferentes y con poblaciones cuyas cifras difieren mucho entre sí. En Guatemala, en menos de 24 horas de que estaba en vigencia el plan “chaleco naranja” ya se habían reportado dos asaltos a mano armada, por delincuentes que cumplían con las directrices. Casco rotulado, chaleco anaranjado con el número de la placa. A 48 horas ya se habían producido cinco asaltos. El jueves 10 de los corrientes, Prensa Libre publica la foto de un asaltante en las cercanías de la Guardia de Honor, a plena luz del día, pistola en mano asaltando. Estaba cumpliendo con la ley, pues vestía chaleco anaranjado casco y ambas prendas con el número de la placa. ¿Por dónde va en realidad este proyecto? No sería más prudente hacer inteligencia y localizar a los moto-ladones o moto-sicarios y apresarlos. Pues hasta ahora con las nuevas disposiciones se les “autoriza” a que actúen apegados a la ley, pero siempre robando, asaltando y matando. Entonces… Muchos motoristas, igual, no cumplen con la reglamentación y van por calles y avenidas por donde más les convenga. No están en el lugar que se les asignó y las dificultades se mantienen, claro que ahora autorizados. El problema nunca fue visibilizado, hasta que las calles y avenidas se llenaron de estas motocicletas, desde Japón, la India, Corea, Brasil entre otros y que el guatemalteco descubrió para resolver su problema de transportación. Ahora es tarde pretender normar esta actividad será tan difícil, que llegará un nuevo gobierno y el peso social seguirá latente. Debe sumarse a estas situaciones un factor subyacente en la cotidianidad del guatemalteco, que se enfrenta a un absoluto abandono de las autoridades en cuanto al transporte diario, tanto en las ciudades como en las carreteras. No hay una solución global y se remienda la situación, pero no se accede a un proceso que permita garantizar a los guatemaltecos la certeza de un transporte digno, progresista y funcional. Guatemala ni  tren tiene ahora. Es solo otro indicador de la indolencia del gobierno y su falta de capacidad en busca de soluciones reales a la creciente problemática de los guatemaltecos.
ANEXO: Comentaba Pablo Monsanto comandante guerrillero, que en los años de la guerra se obligaba al combatiente a mantener una legalidad real, para no ser descubierto. Ahora los delincuentes en motos cuentan con una legalidad real.