¿A la minería no le gusta la corrupción?


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Esta mañana Luis Felipe Valenzuela presentó un programa con argumentos a favor y en contra de la minería. Los primeros estuvieron a cargo de un argentino experto en comunicación al servicio de la empresa minera El Portal del mismo origen y los segundos fueron expresados por Yuri Mellini, conocido dirigente del Centro de Acción Legal, Ambiental y Social, CALAS, de larga trayectoria en la denuncia de los daños ambientales de los proyectos mineros.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


Se trata, por supuesto, de un tema que polariza posiciones y más cuando quienes lo abordan están tan tajantemente distanciados. Uno, porque se gana la vida defendiendo la actividad minera y otro porque dirige una organización no gubernamental de defensa del medio ambiente que se ha caracterizado por la crítica a los proyectos que se realizan en nuestro país. Imposible esperar puntos de acuerdo entre quienes exponen criterios radicalmente contrarios y por lo tanto el programa lo que permitió fue contrastar cuán distantes están las posiciones.

Pero hay que decir que el experto argentino en comunicación es además un experto en sofismas, porque primero trató de identificar, sin dejar espacio a cuestionamiento, el desarrollo con la actividad minera. La minería puede ser, y es importante reparar en ese término, factor de desarrollo si la explotación de los recursos no renovables le significa al país que aporta su subsuelo una compensación suficiente para invertir en la población de manera que pueda extenderse el ámbito de oportunidades para que mediante educación y salud, fundamentalmente, el combate a la pobreza sea una realidad.

Pero también puede ser una actividad contraria al desarrollo si las condiciones de un país permiten que los mineros se lleven toda la riqueza dejando pingües regalías y compensaciones al país que está permitiendo que extraigan su riqueza del subsuelo. En  otras palabras, no puede hablarse del desarrollo como un sinónimo de la actividad minera porque hay muchas condicionantes que existen para determinar si la mina impulsa y promueve desarrollo o simplemente se alza con la riqueza de un pueblo y le deja un pesado costo de daños ambientales.

La otra falacia que me llamó la atención fue cuando dijo que a la minería no le gusta la corrupción porque, si así fuera, qué jodidos están haciendo en Guatemala las empresas mineras que lograron negociar sus licencias sobornando  funcionarios a diestra y siniestra y aprovechándose de la debilidad institucional que permite la realización de oscuros negocios sobre los cuales no hay que rendir cuentas. Por supuesto que las mineras también operan en países donde hay control y fiscalización, además de vigilancia ciudadana para evitar la corrupción en los niveles propios de nuestros países porque, al fin y al cabo, allí también hay minerales atractivos para el negocio. Pero que no nos vengan a decir que en Guatemala vinieron vestidos de primera comunión y lograron las licencias sin entrar en el putrefacto juego que encanta a nuestros políticos y funcionarios.

Personalmente creo que en el tema de la minería hay dos asuntos fundamentales que se tienen que discutir y son el interés de las comunidades para recibir algún beneficio y proteger su medio ambiente, y la compensación que el país como tal tiene que percibir al permitir la extracción de un recurso natural no renovable. Decir que esos asuntos fundamentales no se han atendido en Guatemala no quiere decir que uno esté contra la minería por prurito o empecinamiento. Pero afirmar que toda mina es desarrollo y que la minería es una actividad económica inmune a la corrupción son falacias tan evidentes que dejan en entredicho la real capacidad de un comunicador que trata de establecer un vínculo con el auditorio.