Los problemas de Pavel también son mis problemas


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Termina la semana y los medios siguen haciendo eco de la renuncia de Pavel Centeno y de todos los problemas que por estos días le atormentaban en el despacho principal del Ministerio de Finanzas Públicas, mientras los periodistas hemos estado atentos a las tensiones que por estos días se perciben en el Ejecutivo y que ahora han salido a flote por el lado del Gabinete Económico.

Javier Estrada Tobar


El anuncio del presidente Otto Pérez Molina para intervenir la Superintendencia de Administración Tributaria fue la gota que derramó el vaso, que ya antes había sido llenado con la caída en la recaudación fiscal, los compromisos adquiridos con las letras de  tesorería, los agujeros en el presupuesto ante la falta de aprobación de préstamos y la negociación del presupuesto 2014.

Con tantos problemas era comprensible que Pavel Centeno se sintiera acorralado y al final parece lógico que renunciara aduciendo problemas de salud. Después de todo, la presión laboral termina pasando la factura a la vida personal y el tiempo se encarga de cobrarla.

Pero lo importante en todo este lío, es que tenemos que estar claros que todos esos problemas que Pavel Centeno dejó en el tintero también son míos y además, son problemas de todos los guatemaltecos, y es bueno dejar mencionar que a pesar de que el funcionario haya dejado la cartera de Finanzas las cosas no están resueltas.

Las finanzas del Estado parecen ser un tema ajeno para la mayoría, aunque realmente todos dependemos de una u otra forma de los recursos públicos, por lo que deberíamos prestar un  poco más de atención a lo que está sucediendo en el país, y no pensar que solo son el problema de un ministro o funcionario.

He escuchado en varias ocasiones decir a muchos expertos que Guatemala “goza” de buena salud financiera y estabilidad macroeconómica, y que todavía tenemos una buena capacidad de endeudamiento. Y bueno, no soy economista ni analista financiero, pero sí conozco los problemas del país y por simple lógica no encuentro nada saludable que el Gobierno gaste más recursos de los que ingresan, o que se endeude más para pagar deudas.

Por otro lado, no solo creo que no hay salud financiera, sino también pienso que hay una adicción enfermiza al despilfarro de los recursos y a la corrupción, lo que agrava aún más los problemas en las arcas del Estado y significa que el manejo de los fondos públicos se aleja cada vez más de su objetivo primordial, que debe ser mejorar la calidad de vida de las familias guatemaltecas.

Pavel Centeno no está más en el Gobierno y su lugar es ahora ocupado por María Castro, pero independientemente de quien dirija las finanzas, los ciudadanos tenemos derecho de exigir un manejo claro y transparente de los recursos públicos, porque todas las deudas y compromisos adquiridos por los funcionarios no serán pagadas en el futuro por ellos o sus familias, sino por toda la sociedad.

Tenemos que estar atentos a la intervención de  la SAT para que los interesados en hacer negocios no nos metan otro “gol” y tampoco debemos descuidarnos ante la amenaza que supone el endeudamiento desordenado o el aumento de los presupuestos con garantías de transparencia. No dejemos que unos pocos empeñen nuestro fututo. Fiscalicemos.