Las guerras del futuro


EDUardo-Blandon-2013

El otro día me encontré con mi amigo Ramón, un hermano de infancia, nacido en Nicaragua que me habló de dos episodios que según él marcaron su vida (porque cree que somos víctimas de los acontecimientos vividos): el terremoto y el derrocamiento de Somoza por los sandinistas. Él piensa que a partir de esos infortunios del destino, no puede dormir plácidamente por miedo a los temblores ni dejar de pensar en las guerras. Es muy tonto, concluía, pero es así.

Eduardo Blandón


Hablamos un poco de todo, pero no he dejado de pensar en su experiencia de guerra y el cambio de significado en nuestra época.  Aproveché para contarle que recientemente Inglaterra había convocado a un ejército de “hackers” para defenderse de la intromisión extranjera, pero también atacar.  Philip Hammond, el ministro de Defensa inglés, invitó a sus soldados cibernéticos a lanzar sus propios “ataques en el ciberespacio”.

    “Las guerras del futuro se van a librar mediante expertos en telecomunicaciones en habitaciones como esta y no con soldados desfilando por las calles o tanques o aviones de combate”, declaró Philip Hammond al diario The Mail on Sunday.

    Se quedó perplejo mi amigo, pero continué. Le expliqué que dos millones de agentes digitales son contratados en China no solo para evitar que sus ciudadanos accedan a ciertas páginas de la red, sino para defenderse y atacar a los países incómodos o que interesen.  Le dije que el dato había sido dado por la prensa oficial y que estimaba que sin duda el número debía ser muy superior.

    Me parece que como dijo una vez William Gibson, autor de Neuromante: “el futuro ya está aquí. Lo que pasa es que está distribuido de manera desigual”.  Lo cual quiere decir, sin duda, que no tenemos que esperar demasiado para enterarnos de que nuestras guerras no son desde ya nada convencionales.

    Las guerras no son hoy lo que fueron, pero el dolor y el sufrimiento que infligen son los mismos.  No culpo a Ramón de su trauma ni lo juzgo, las guerras deberían ser evitadas en cualquiera de sus formas y presentación. Ojalá practicáramos la sentencia de Sun Tzu: “el supremo arte de la guerra es doblegar al enemigo sin luchar”.  Pero estamos lejos de eso.