¿Podrán controlar la sobrecarga y otros abusos en los autobuses?


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En los centros urbanos y rurales del país es un verdadero mare mágnum el movimiento de los vehículos de transporte que se registra cotidianamente en la madrugada, en el curso de la luz del día y en parte de la noche.

Muy peligrosa se ha vuelto la utilización de la gente de ese servicio en las carreteras y en los poblados en general. Terribles accidentes se han producido últimamente -y en todos los tiempos -tanto en los ambientes urbanos como en los rurales.

Marco Tulio Trejo Paiz


Los pilotos de los autobuses no respetan la ley, los reglamentos y demás disposiciones de tránsito, ni a las autoridades que están obligadas a ejercer estricto control de las imprudencias que se cometen en todas las vías para normalizar en lo posible la circulación de las carcachas…

Se ha dejado a las buenas de Dios y a las malas del diablo el transporte colectivo del que se ha enseñoreado no sólo la violación de la ley, de lo dispuesto reglamentariamente y de la moralidad, sino también la corrupción de moros y cristianos.

La gran tragedia de San Martín Jilotepeque, departamento de Chimaltenango, fue espantosa, muy horrorizante; provocó fuerte conmoción en el seno de la sociedad. Un autobús del transporte extraurbano se fue al fondo de un gran barranco, y arrojó el saldo de medio centenar de víctimas mortales y muchos heridos entre hombres y mujeres mayores y menores de edad.

Hasta cuándo se suscitan horrendas tragedias en el tránsito, la Dirección General de Transporte (DGT) sale de su letargo para tratar a su manera los graves problemas planteados. Entonces también los diputados al Congreso de la República, que integran una comisión creada específicamente para estudiar, analíticamente, con base en la realidad, la rusiente problemática del transporte colectivo urbano y extraurbano, están como somnolientos dando señales de vida.

Se ve que las autoridades actúan sólo para tapar el ojo al macho cuando ocurren los accidentes de severo impacto en lo social, en vez de afrontar la situación de modo preventivo.

Tanto en los círculos oficiales como en la opinión pública se considera que los mortales percances de tránsito en los caminos y en las calles citadinas se suceden, no sin frecuencia, porque los pilotos se exceden en velocidad, recargan demasiado los “trastones rodantes”, se distraen bromeando con sus amigotes, durmiéndose porque dejaron las chamarras en las primeras horas del día, porque los ha dejado temblando la implacable cruda o por cualesquier otros motivos.

El presidente de la Gremial de Transportes Extraurbanos de Rutas Cortas, Gamaliel Chin, señala actos de corrupción en la Dirección General de Transporte y toda una serie de componendas políticas, a lo que atribuye las anomalías que se han detectado. Es por ello, opina Chin, que procede una medida de intervención para tratar de evitar la situación que afecta a los empresarios y a los usuarios.

En el territorio nacional corren y vuelan 9 mil unidades de transporte extraurbano, cuyos pilotos no cumplen lo que está preceptuado legal y reglamentariamente. Es por ello que protagonizan muchas imprudencias que afectan a los usuarios.

Respecto al transporte urbano capitalino y de otros lugares del país, conviene indicar que los conductores irrespetan a pasajeros y se pasan los parpadeantes semáforos en rojo, por lo cual han ocasionado tremendos encontronazos con otros automotores y dejado “wash and wear” o aplastados a no pocos mortales. 

Ante lo que pasa en calles y carreteras a escala nacional, el Congreso de la República debe legislar como lo demandan las circunstancias y, asimismo, los agentes policiales de tránsito deben actuar velando por la observancia de las medidas legales y demás disposiciones emitidas por las respectivas autoridades; porque, de lo contrario, la fiesta brava, macabramente irá de largo irremediablemente.