“De vez en cuando hay que saber ver el mundo a través de los ojos de otro. De hecho, es entonces cuando uno empieza a comprender el misterio del mundo y del ser humano”.
Sin la desaparición ¿súbita? de Rüya, sin cuatro o cinco días en busca de pistas y lecturas de textos y rostros en el archivo de Celal, ¿es en verdad demasiado obvio que Galip nunca hubiera podido ser otro, como ciertamente termina siéndolo?
¿Hace cuánto que Galip esperaba la oportunidad, muy coyuntural, aunque tal vez en diferentes circunstancias, para llegar a ser (como) Celal? ¿Podía él ser Celal con o a la vez que Celal, o sólo sin, a falta, desaparecido Celal? ¿Por qué somos tan complicados, con apenas soplar el polvo asentado en la superficie o con pasarle la yema del índice, y enredamos cualquier simple explicación? La fascinación del abismo, del misterio.
¿Habrá descubierto Galip, en un plano innombrable, que, viéndolo bien, él es sólo una, otra invención de Celal que él mismo debe terminar, o más bien continuar hasta quién sabe dónde? ¿Acaso (aunque hay excepciones) no somos lo que leemos y no nos construye lo que otros escriben? En posesión de la memoria de Celal, ¿escribirá, escribe ya Galip, en los tres artículos por él redactados a nombre del columnista, unas ciertamente apriorísticas y apócrifas “Memorias de ultratumba” celalianas?
Con todo, según el anciano escritor y periodista Nesati, en plática con Galip, Celal es poco menos que un farsante, inventor de historias falsas y de personajes excéntricos cuya personalidad suele asumir y disfrazarse de tales, con propósitos entre ideológicos y conspirativos que únicamente terminan por perturbar a sus lectores – admiradores – seguidores. “¿Cuántos grandes hombres hay que sepan que ellos mismos con el universo cuyo misterio buscan y que el universo entero se encuentra en el mismo que busca el secreto? Sólo cuando se llega a ese nivel de perfección tiene uno el derecho a ponerse en el lugar de otro, a disfrazarse”.
(¿Qué segundo e incluso tercer significado tienen las gafas de sol que Galip encuentra entre las cosas de Celal, dice a Nesati que son suyas, y éste a su vez se las pone – – “Así que las gafas, como los seres humanos, son creadas a pares…” – -?)
¿Y qué conexión Occidente -Oriente, o viceversa, hay entre el diario de vida del visconde de Chateaubriand, “Memorias de ultratumba”, en el escritorio de Nesati, traducidas en alfabeto antiguo, y el inicio natural, casi por inercia, de Galip como redactor “creativo” de las columnas de un Celal más desaparecido que ausente? ¿Qué clase de lector es ese que usa la memoria de otro para escribir, o mejor transcribir los signos de su rostro?