A cada poco empresarios del transporte urbano vuelven a las andadas, en el sentido de exigir más subsidio estatal. De lo contrario amenazan con subirle al pasaje y paralizar el pésimo servicio. Esta vez pretenden sea más de Q5.00. Para exigir, elevar y suspender, se las traen consigo de manera prepotente, cerrados en tal posición contrario a los intereses públicos.
Surgen a propósito diversas propuestas del usuario. A nadie escapa que en su totalidad funcionan mal, además prosiguen las unidades destartaladas, música estridente y trato antisocial de parte de pilotos y «brochas», que las aborda por mera necesidad, también imperiosa. La intervención de las autoridades competentes viene a ser la pronta e indispensable medida urgente.
El sector de autobuseros, repito a cada cierto tiempo constituye una problemática de primera plana, sin ninguna mejoría, cuestión imprescindible para interrogar en el acto que hacen con el subsidio. Carece de solidez el argumento invocado, que significa fuerte adeudo. Puesto que de todas maneras se les solventa, en menoscabo de asuntos meritorios de naturaleza social.
Sin que quepa duda alguna funciona como la Carabina de Ambrosio que responda a una planificación, control rigoroso a título de garantía que represente un auténtico servicio público ordenado; mediante la prestación correcta, adecuada y de total respeto a los miles de connacionales que viajan a diario amontonados, semejante al dicho de Ydígoras Fuentes: como ganado humano.
Los cojines en realidad son meras tablas, la Torre Babel en su interior constituye el sálvese quien pueda, también agárrese quien pueda. Tocante al género femenino resulta propicio para ser humilladas por sujetos incultos y abusivos que las manosean al exponerse fácilmente al trato deshonesto señalado desde siempre, mucho más ahora que las violaciones están a la orden del día.
Por falta de seguridad los autobuses en mención, los usuarios viajan tensos, nerviosos e invocando al Todopoderoso su protección día y noche. Victimas fácilmente de tantos fascinerosos que les cortan la vida, incluidos niños y ancianos. Los menores crecen en un ambiente de amenazas, disparos, robos; actitudes todas rayanas del bajo mundo en aumento tremendo.
Nos quedamos atrás inclusive, referente al servicio de autobuses del transporte urbano. Olvidan intencionalmente que el viajante forzivoluntario son personas dignas de atención y demás valores fundamentales en el diario vivir en un mundo globalizado. Pero eso sí, con la tendencia de exigir y exigir, cuando se visualiza de inmediato que no hay ninguna mejoría.
Que las hay excepciones, las hay; sin embargo no se encaminan a imitar y superar dichas acciones. Partidarios acérrimos de la estadística manejan datos al respecto, de que la cifra de usuarios en la mayor concentración humana, la capital nuestra, rebasa millares, término usual en la inversión gubernamental como privada, incluso robo escandaloso, un notición mayúsculo.