De Beethoven a Schubert


celso

Como lo indicamos en columna anterior las diferencias artísticas entre Beethoven y Schubert son profundas ya que ambos pertenecen a corrientes históricas intelectuales muy diferentes. Beethoven es la expresión más digna de la libertad y la creatividad muy ligada a la humanidad. En tanto Schubert como uno de los románticos más eminentes de la música occidental, crea su propio mundo. Sin embargo, la admiración entre ambos era inmensa y muy respetuosa.

Celso A. Lara Figueroa
Del Collegium Musicum de Caracas, Venezuela


Por tanto,  tierno y afectuoso, tímido, desconfiado, Schubert no se entrega fácilmente.  En sus alegrías, en sus arranques, se reserva siempre una parte de sí mismo, la parte de su interna ensoñación, que persigue sin cesar, de la cual no hace confidencia, si no es por medio de la música. Sin embargo, tiene necesidad de movimiento, de regocijo exterior, del cálido contacto de fieles amistades. En tal sentido,  esta columna va dirigida a Casiopea, dorada y sublime esposa, primavera que vino a mí empapando de albas y luceros mi nostalgia. ¡Vivo universo en que me pierdo dulcemente y tierna flor en que se afirma mi alegría!
     En el fondo de su espíritu, residen sombríos pensamientos, la melancolía, la desesperación y el sentido trágico.  Esta alma alta y pura, idealista, no puede adaptarse ni satisfacerse con bienes de este mundo.  De ahí la aguda nostalgia de un más allá, que presta un tono particular a todos sus sentimientos. Si hay algo de trágico en esta actitud desdeñosa y distante de los intereses y goces humanos, no es la tragedia beethoveniana.
   
Beethoven ha buscado la dicha en la tierra, en suma, no la ha buscado de otro modo.  Es sobre la tierra, que él cree realizar su felicidad, en la fraternidad universal. Schubert, por el contrario, ha comenzado por tener el presentimiento de otra patria, y esta visión mística le ha impedido creer jamás en la satisfacción de su profunda personalidad en esta vida.  No es más que un transeúnte; sabe muy bien que no puede ocuparse seriamente de ningún objeto mediato terrestre. De allí, sin duda, la ausencia de toda gran pasión en la vida de Schubert. Precisamente aquí es donde se separa con mayor relieve de Beethoven.  Porque Beethoven ha vivido su existencia terrena con la sed insaciable de hartarse de todos los goces y beneficios de la tierra; porque él ha realmente amado varias mujeres y ha sufrido cruelmente al no ser correspondido; ha encontrado en su vida interior el material suficiente para su inspiración.  No tenía necesidad de textos poéticos para componer.  El fondo psicológico de sus sonatas y de sus sinfonías lo lleva consigo.
    
 La vida despejada de Schubert no le ofrece las oportunidades necesarias en donde templar su emoción musical.  Le era preciso tomar prestado de los poetas las imágenes destinadas a satisfacer sus sueños y a darles una forma precisa.  Schubert no estaba hecho para la música pura.  Había nacido para el lied. Escribió más de 600, (es preciso considerar esta cifra) de los cuales, una sesentena, sobre poemas de Göethe, los otros sobre poemas de Schiller, de Heine, de Uhland, de Ruckert, de sus amigos, von Schober y Mayhofer, de Mac Pherson, de Walter Scooth, de Shakespeare, de Dante, Petrarca, etc. Tanto como Beethoven, Schubert se muestra grande y poderoso. Pero veamos las diferencias.
      
 El alma de Schubert es más fina, matizada, poética, mejor dispuesta a captar el espíritu de los poetas.  De un poema de versos Beethoven traducirá, en primer lugar, el sentimiento total, sintético y dominante.  Schubert, sin faltar a esta primera condición fundamental de una justa y completa interpretación del conjunto, asociará a una emoción central, toda suerte de impresiones diversas  de su  mundo.