Nos encontramos todavía a gran distancia, podemos decir, de las elecciones generales, pero ya redoblan las campanas de propaganda de ciertos grupos políticos que, por supuesto, pretenden treparse y, muchos, seguir en los guayabales…
Habrá que asistir a las urnas electorales para votar por los candidatos a la presidencia y a la vicepresidencia de la República; a todo el superabultado y repudiado número de diputados al Congreso, a las alcaldías y concejalías de todo el ámbito nacional. Menuda pelea cívica –digamos que cívica- esperamos sentados…
En este espacio que nos asigna el vespertino LA HORA nos referiremos a los pretendientes a los cargos de alcaldes y concejales, reparando en las lindezas que se han cometido en la mayoría de los ayuntamientos, gracias a las desgracias de la autonomía que se les dio en mala hora, pensando, quizá, en buen trabajo en los municipios.
Cobijados bajo el alero de la autarquía, muchos, muchísimos alcaldes han cometido tremendas alcaldadas. Han atesorado millonadas del vil metálico en forma deshonesta y, cuando les caen los fiscalizadores que no se andan con parcialidades, complicidades ni aceptando sobornos, relinchan, patalean y corcovean los ediles del cuento.
Estamos a tiempo de meditar bien sobre lo conveniente o inconveniente de votar por individuos que no infunden confianza en cuanto a ejercer funciones al margen de la inmoralidad. Ya montados a sus anchas en los potros- pueden ser abusivos y osados para meter las garfas en las arcas edilicias, gracias –repetimos– a la autonomía.
Hay políticos y politiqueros militantes en una forma u otra en las agrupaciones que han surgido y hecho de las suyas, y que paladinamente dan a conocer sus ambiciones reeleccionistas y, algunos que van a horcajadas en las municipalidades, saboreando a más no poder los almíbares de las alcaldías y de las concejalías, ya echaron raíces y hasta lana les nació…
El reeleccionismo puede ser aceptable cuando los funcionarios edilicios han realizado obras beneficiosas para los respectivos lugares jurisdiccionales, como es el caso (tan sólo para citar un ejemplo), de don Álvaro Arzú Irigoyen, quien, en los períodos de funciones que le han correspondido, ha dado muestras inequívocas de ser un ciudadano de acción que hace plausibles proyectos y, sin tanto bla, bla, bla, pasa a los programas de mejoramiento y embellecimiento de nuestra urbe capitalina y demás lugares de la jurisdicción.
A don Álvaro lo viven criticando acremente ciertos politiqueros que quisieran caerle a la principal alcaldía municipal de Guatemala, pero él ha enriquecido su currículum, merecidamente, sin demagogia; mas, sí, con relevantes méritos que, si fuere el caso, sería elegido o reelegido, mejor dicho, cuantas veces quisiese. Distinto es lo que han logrado el alcalde de Chinautla, Arnoldo Medrano, y otros, quienes pueden pasar mal rato en los tribunales de justicia y aun en Pavón, en razón de las “hazañas” que, hasta hoy, se les imputan, como se ha informado en los medios de comunicación.
¡Ya veremos cuál será el desenlace de la situación tan desfavorable, por demás vergonzosa, de esos “intendentes”…
Medrano lleva ya más de veinte eneros de hallarse repantigado en el codiciado taburete de la comuna chinautleca. Es como para pensar en los Castro de la Cuba comunista y en sus pariguales latinoamericanos…
Por algo titulamos significativamente nuestro artículo; y es que, en realidad, se marca la diferencia entre las realizaciones del jefe del ayuntamiento metropolitano, don Álvaro Arzú, y lo hecho por la mayoría de alcaldes…
Toda posición burocrática, lograda limpiamente, sin fraude, es honorífica, mas no las que se atrapan deshonestamente.
Pensemos detenidamente en unas elecciones que no nos provoquen frustración y arrepentimiento tardíamente. ¡Pensemos, desde ahora mismo, ante todo, en los intereses del pueblo y de Guatemala, y no en bastardos intereses sectarios!!!