Cuando se descubrió que los guatemaltecos no nos habíamos enterado que Belice cambió los términos para dar validez a la consulta popular para someter el diferendo territorial con Guatemala a jurisdicción de una corte internacional, se volvió a hacer evidente el contraste entre la activa política exterior de ese territorio disputado con base en nuestros ancestrales derechos y la que mantiene nuestra acomplejada e incapaz cancillería que a lo largo de muchísimos años ha dado muestras de una ineptitud preocupante.
Por ello no puede sorprender que ahora, tras la decisión guatemalteca de no aceptar los nuevos términos de la legislación beliceña para las consultas populares, ellos se adelanten llevando el caso a la Asamblea de la OEA y adoptando actitudes abusivas con torpes funcionarios guatemaltecos a los que han manoseado para llevar agua a su molino.
Pero tampoco podemos dejar de mencionar que ni el gobierno de Colom, cuando se decidió aceptar lo del referéndum para llevar el caso a la corte internacional, ni en este régimen, encargado teóricamente de hacer el referéndum, hicieron nada por preparar a la población siquiera informando de qué se trata todo el enredo. Las generaciones actuales no tienen información de la historia de Belice y las relaciones con Guatemala ni del papel funesto que jugó Inglaterra en todo el enredo. Desde que Serrano dispuso, por sobre lo que establece la Constitución de la República de Guatemala, reconocer la existencia del Estado de Belice en lo que fue una decisión unilateral e irreversible, y que por lo tanto debió someterse a consulta popular, la opinión pública nuestra no tiene mayor información y la historia no es precisamente un fuerte en la formación de nuestras juventudes.
Era indispensable que se realizara una campaña de información y la misma nunca se llevó a cabo. Los guatemaltecos más jóvenes no tienen conocimiento del largo proceso de reclamación que ha existido ni de cuáles pueden ser nuestros derechos en realidad para ejercitarlos en una corte.
Que Belice se comporte agresivamente con los guatemaltecos y que sus funcionarios usen expresiones despectivas para nuestros compatriotas no es nuevo. Que recurran al engaño y que engatusen a la comunidad internacional tampoco, porque ellos tienen una diplomacia más eficiente que la nuestra.
Ahora Guatemala tiene que entender que nuestro asunto más importante en materia de política exterior no es Siria ni nada que se parezca, sino el tema de Belice que debe quedar resuelto de una vez para terminar con el pretexto de que siempre se usa para distraer a la opinión pública nacional en momentos especiales. Ojalá que la agresión verbal de Belice nos permita cambiar de actitud.
Minutero:
Ridículo el informe
de multas a motoristas;
todo agente está conforme
con cómo se usan las pistas