Juicio oral o escrito


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“¿Hasta cuándo, Catalina, abusarás de nuestra paciencia?”.
(Marco Tulio Cicerón).

– Dedicado a los ilustres juristas con la Orden del Buen Juez –

Rolando Alfaro Arellano


– I    –

Iniciamos una nueva serie de artículos que son de urgencia nacional tratarlos en estas páginas de LA HORA, que tanto admiro por su nacionalismo,  especialmente porque durante el tiempo  de nuestros pasos, tanto en la carrera judicial y como catedrático universitario, no hemos podido apreciar un cambio profundo en el pensamiento de la actualización jurídica que muchos profesionales, en mayor o menor grado, han venido olvidando.

El Derecho, según los grandes tratadistas, es dinámico y quien no lo estudia, al decir de Eduardo Coutüre, es cada día menos Abogado, ello, es preocupante porque al no darse esa actualización en nuestro medio, los criterios suelen ser rígidos y poco perceptibles; muchos profesionales son prácticos, pero con criterios antiguos o poco interesados en el mejoramiento de la legislación vigente.

En ese sentido, conviene, entonces, emitir opinión amén de la ya publicada en varios de mis textos sobre la materia, pues el constante batallar sobre los mismos temas ante la indiferencia de muchas personas, abogados o no, nos obliga a expresar el criterio formado en los estudios y experiencia adquirida.

2. Si bien es cierto que han existido algunas iniciativas para agilizar el sistema procesal guatemalteco, también se debe reconocer que persiste el sistema secreto e inquisitivo del expedienteo en todos los ramos del procedimiento actual.  Ello, genera atrasos como es lógico en la mayoría de los casos,  aunque debe agregarse que si no existe una preparación adecuada en el ramo de que se trate, nos enfrentamos a criterios  dispersos, polarización de servicios, y, recursos frívolos e impertinentes.

La oralización o el denominado juicio oral, no se respeta en los ramos que se ocupan de esta etapa procesal, porque permite en todas las instancias que se presenten memoriales y escritos que dilatan – quiérase o no– el proceso.

Lo anterior, es urgente cambiarlo, pues se debe admitir la Oratoria Forense plena y solicitarles a las diversas facultades de Ciencias Jurídicas del país, que no omitan cursos tan importantes como lo que tanto hemos investigado para el entorno nacional.

Bien dijo Marco Tulio Cicerón que: “Orador es el que sabe mezclar los tres utensilios: grandilocuentes, con  gran profundidad de pensamiento y elegancia de palabras, vehementes, variados abundantes, serios, competentes y preparados para mover y arrastrar los ánimos; sencillos y agudos, que lo demuestran todo y lo exponen con claridad; e intermedio, que es moderado, que no recurre ni a la agudeza de los últimos ni a la amplitud de los primeros; con moderadas figuras de palabras y de pensamiento” ( Rolando Alfaro. Elocuencia Judicial. Editorial Oscar de León Palacios, p. 11).

                                                                      Continúa…