Es un viejo dicho entre los delegados a las asambleas de Naciones Unidas que los mandatarios que toman la palabra en el podio hablan para consumo interno de sus propios países. Salvo discursos de algunos gobernantes de grandes potencias que inciden seriamente en la política mundial o alguna propuesta realmente innovadora, como la que hizo el año pasado Pérez Molina sobre la despenalización de la droga, el resto de temas son irrelevantes para las delegaciones y el discurso de ayer del Presidente de Guatemala fue un ejemplo de eso.
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Pero cuando uno habla para su propio pueblo hay que tomar en cuenta que la gente no está tan ajena a los temas como lo están los delegados de las naciones que conforman la ONU. Por ello, cuando nos dice que en zonas urbanas de la ciudad de Guatemala donde prevalecían los homicidios, las extorsiones y la inseguridad se logró restituir la paz y la convivencia social, es natural que surgieran los comentarios que inundan las redes sociales sobre Otto en el País de las Maravillas.
En el tema suyo, el de las políticas contra las drogas, su discurso fue sumamente flojo sin hacer ningún aporte adicional y si algo podía esperar la comunidad internacional de la intervención del Presidente de Guatemala era un afinamiento de su idea original, pero no hubo nada de eso y se quedó en generalidades de las que apenas si se puede destacar que alabó a los votantes que en algunos Estados norteamericanos decidieron, contra la opinión de Washington, legalizar la marihuana para fines médicos y hasta para fines recreativos en algún caso.
Pero cuando se saltó la tranca fue cuando trató de justificar o explicar, mejor dicho, el craso error que cometió su gobierno cuando apoyó, sin condiciones y olvidando que la Asamblea General de la ONU nos había dado un asiento en el Consejo de Seguridad, la bravucona postura de Obama de ofrecerle bombazos a Siria pasando sobre la autoridad de ese Consejo de Seguridad que, conforme al derecho internacional, es el órgano llamado a sancionar a quienes violen tratados o normas fundamentales como la prohibición de uso de armas químicas. Dijo que ha actuado aceptando el liderazgo de Obama y que le respaldan en toda su política relacionada con el Oriente Medio. Precisamente por esa postura de alineamiento se había hecho tan difícil llegar al Consejo de Seguridad y se ha demostrado que los que cuestionaban nuestra independencia para actuar tenían toda la razón.
No explicó el reculón que tuvo que dar para dejar de apoyar la amenaza bélica para apoyar la solución diplomática cuando Obama, con todo y su liderazgo, tuvo que retroceder para someterse a las normas del derecho internacional. No hay necesidad, en ningún caso, de que un país miembro del Consejo de Seguridad se apresure a seguir el liderazgo de un miembro permanente sin poner énfasis en el derecho, tema que no mencionó cuando dijo cuáles eran nuestras guías al actuar en ese Consejo.
De todo el discurso, la parte que tenía que ver con nuestro papel en Naciones Unidas, ahora como miembros del Consejo de Seguridad, fue el peor mamarracho, precisamente porque cuesta mucho justificar lo que no tiene justificación ni defensa. Está bien, y es una tremenda realidad política, que seamos dependientes y sometidos al imperio, pero por lo menos tenemos que guardar apariencias y actuar ante la comunidad internacional como un miembro absolutamente libre, capaz de tomar sus propias decisiones sin que el liderazgo de nadie sea el factor fundamental para marcar nuestro rumbo. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas es para países que tienen definición, que pueden actuar con personalidad y carácter y no para quienes se limitan a bailar el son que les toquen y además de admitirlo, hacen gala de ese sometimiento.