Comodidad


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La comodidad es observada como una situación anhelada y demandada por lo que me atrevería a decir, la mayoría de nosotros. A tal punto, que incluso, cuando no se convive con ella, también puede ser interpretada como un trato personal injusto. Los avances tecnológicos nos han llevado a simplificar cada día más la vida. De tal manera, que estos se vuelven más inteligentes y nosotros los humanos necesitamos menos que hacer, tal vez, menos que pensar. Y de repente también la inteligencia, autoestima, sentimientos y sentido común que nos han sido propios corren el riesgo de una atrofia.

Dra. Ana Cristina Morales


Lo cómodo significa lo fácil, lo que no requiere esfuerzo.  Es descrito también como lo agradable, ameno, acogedor, lo que proporciona bienestar y descanso, el lugar en donde la persona se encuentra a gusto. De acuerdo, cada quien tiene una manera particular de sentirse cómodamente.  Al regresar a casa, buscamos otros zapatos, ropa holgada, desconectarnos de relojes, accesorios de vestimenta y en el mejor de los casos también de los teléfonos celulares. Todo con el fin de sentir menos agobio y menores cargas que nos ayuden a un momento de liberación.

Pero la comodidad tiene un espacio en el cual se convierte en incómoda. Tanta comodidad también puede generar malestar y estrés.  Aunque no estemos dispuestos a aceptar esta posibilidad. La comodidad también nos puede conducir a la inercia, a la pérdida del sentido de autoeficacia, al detrimento de mecanismos que nos ayuden a enfrentar y resolver problemas, al deterioro del contacto con la vida y de sentirnos vivos ante nuestra existencia.  Si no necesitamos ni pensar, la inteligencia se atrofia.

La ciencia ha convenido en enunciar que si un órgano se usa con frecuencia, este tiende a desarrollarse y a aumentar su capacidad; pero, si un órgano no se utiliza, se debilita, se reduce y termina por desaparecer.  Así que ante la comodidad extrema, podríamos estar atentando contra nuestra salud. De allí podrían venir secuelas como enfermedades demenciales, problemas cardiorrespiratorios,  obesidad, entre otros posibles. En la actualidad es dable que nos resulte difícil hacer una operación aritmética de sencillez, sin el auxilio de una calculadora, no memorizamos números telefónicos, ya que están incluidos en la agenda de nuestro celular y así podríamos expresar situaciones diversas.

Nos estamos perdiendo de los procesos que nos vinculan a estar vivos.  Podría ser un extremo decir lo siguiente, sin embargo, es posible su consideración: Alguien puede estar dispuesto a llegar a la cima del Himalaya, pero a lo mejor conducido por un helicóptero.  Tuve la oportunidad de escuchar un reclamo, alguien dijo: “Dios es injusto, nos regala la vida, pero… para que nosotros la tengamos que trabajar”.

En tanto a la inercia y a la toma de decisiones. Cualquiera podrá continuar en su sitio aunque no se encuentre con una vivencia de plenitud y satisfacción, pero sí de comodidad, de tal manera, que no cambiarán de trabajo, no emprenderán su empresa imaginada y/o deseada, optarán por evitar a toda costa riesgos que impliquen la probabilidad de  pérdida de un estatus, evitarán el cansancio, emprender viajes, negocios, actividades, relaciones amorosas.  Se conformarán con lo que les ha tocado vivir, sin mayores deseos de modificar sus circunstancias.  Vivirán con sus parejas hasta que la muerte los separe, o hasta que uno de ellos decida matar al otro y no … hasta que perdure el amor.

En suma la solución no es oponernos a la comodidad, sino, el considerar que el trabajo que realizamos en y para la vida es lo que nos hace sentir goce y placer ante la existencia. Las cosas fortuitas y que no nos han costado mayor esfuerzo, no son muy valoradas por nosotros mismas/os y no nos ofrecen un sentido de competencia tan necesario para sentirnos vivos.