«La opinión pública sólo existe donde no hay ideas.» Oscar Wilde
El Papa Francisco, ha dado un paso importante, para aproximar a la iglesia Católica con la sociedad global, al argumentar que la misma “debe ser como «un hospital de campaña tras una batalla», abriéndose a «heridos», como los divorciados vueltos a casar, los homosexuales y las mujeres que abortaron”, asimismo aseguró: «Nunca fui de derecha».
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Analizando parte de sus declaraciones, las que incendiaron las redes sociales, el mensaje se percibe como un halo de frescura, en una institución tan importante a lo largo de la historia, ya que durante muchos años ha existido una dolorosa discriminación contra los homosexuales, quienes han sido marginados de muchas sociedades de doble moral como la guatemalteca, en la que se burlan, discriminan y bullean a las personas con una orientación sexual diferente, pero más de los que creemos, detrás de la puerta o del armario, esconden un homosexual camuflado.
En lo personal, respeto a las personas por lo que son en su interior, sin importarme cómo se encuentra cubierta su osamenta, me he encontrado con muchas sorpresas, como incontables personas, que considero nos han dado verdaderas lecciones de vida. Por lo que se puede estar a favor o en contra de lo que dijo el Papa, pero el fondo del asunto, es el indiscutible respeto que se merece el ser humano, por el simple y sencillo hecho de ser un sujeto vivo racional.
Se hace necesario quitarse la careta, ya que muchos en nuestro entorno, conocemos o queremos a un homosexual, algunas veces no declarado por temor al rechazo de una sociedad de doble moral, como muchas otras.
En relación a las mujeres que abortaron, considero que cada quien vive sus circunstancias muy especiales, el lunes fue publicado un reportaje sobre el aborto, leyéndolo, podemos asumir que para ninguna mujer, es fácil tomar una decisión de semejante envergadura, y como lo menciona una corriente del Derecho Penal, no existe peor castigo que la culpa, y esa se lleva muy adentro por siempre, el aborto no debe ser censurado, ya que escudriñando el alma, cada mujer sabe el dolor de la culpa que llevará hasta su muerte, así que quienes somos para juzgar a quien Dios juzgará.
En relación a su negación de ser de derechas, tampoco se identifica como de izquierdas, lo que sí se puede reconocer en él, es a un revolucionario religioso y cultural, que está concientizando una cultura de puertas para adentro, ya que la estigmatización de que han sido objeto los homosexuales en nuestra sociedad en los últimos cincuenta años, contándose entre ellos a grandes artistas, científicos, y genios, por lo que no se puede encasillar a nadie, por tener sentimientos diferentes a los “generalmente aceptados”, ya que ¿Qué es lo natural? Depende del lugar en que nos encontremos, será el cristal con el que lo calificaremos, pero, como dijo el Papa, apelando a la misericordia de la misma Iglesia, para con todos los fieles, sin diferencia alguna.
Siendo niña conocí al primer niño homosexual en mi vida, reconozco que no lo tenía muy claro, pero noté en él cierta suavidad que los demás niños no tenían, así descubrí la homosexualidad, pero no me inspiró ningún sentimiento negativo, ni positivo, simplemente, no lo censuré, dentro de mis exalumnos he conocido a muchos jóvenes que no pueden ocultar sus inclinaciones, y no he tenido reparo en acercarme a ellos, e incluso mantener una relación de amistad a través del tiempo, son tan humanos como los heterosexuales, y nadie tenemos derecho a cuestionar por qué su diferente orientación no solamente física, también sentimental, en relación al tema del divorcio, ya la propia Iglesia lo ha aceptado, incluso en Guatemala, creo por lo tanto que la sociedad evoluciona constantemente, y nosotros con ella, o ¿No?