El encabezado de un despacho de la agencia noticiosa AP fechado en Washington es contundente al referirse al frustrado viaje de la presidenta brasileña Dilma Roussef a la capital de Estados Unidos, atendiendo la invitación de su homólogo norteamericano Barack Obama, y que se había programado para el mes de octubre.
La nota informativa publicada en La Hora señala literalmente que “El vergonzoso desaire diplomático de Brasil se suma a un período problemático para la Casa Blanca”, y en lo que concierne a los guatemaltecos la honorable conducta de la estadista latinoamericana contrasta con el proceder del presidente Otto Pérez en su incondicional alineación (para no utilizar un concepto que sería más atinado, pero poco comedido) con la política internacional de Washington y su Departamento de Estado.
En realidad, no es un menosprecio de la presidenta Rousseff al mandatario norteamericano, sino una digna y valiente reacción del gobierno de Brasil, si se interpreta como una forma de legítima protesta por “El programa estadounidense de espionaje que se ha dirigido activamente contra el gobierno y ciudadanos de la nación sudamericana”, derivado de revelaciones de un ex analista de inteligencia de Estados Unidos, que ha desatado malestar de sus amigos y la ira de sus adversarios.
La decorosa decisión de la señora Rousseff, ex militante revolucionaria que fue torturada por la dictadura militar que la mantuvo ilegalmente en prisión, ocurre en medio de un ambiente de críticas al gobernante norteamericano por su abrupto cambio de parecer sobre la amenaza de acciones militares contra Siria.
El presidente Obama había enfatizado que aun en contra de resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU (del cual Guatemala forma parte como miembro no permanente), de sus aliados de Europa y de la mayoría de diputados, senadores y ciudadanos de Estados Unidos, atacaría militarmente a aquel país del Cercano Oriente porque su gobierno habría utilizado armas químicas contra los rebeldes opositores en la guerra civil; pero se retractó ante la categórica advertencia de Rusia, China y naciones europeas
El único país que de inmediato manifestó su entusiasta respaldo a la amenazante disposición de Obama fue la potencia centroamericana que encabeza el presidente Pérez Molina, que constituyó una bochornosa sumisión más que apoyo –que ni siquiera fue solicitado ni menos agradecido por Washington–, y con la reculada de la Casa Blanca también el influyente gobierno guatemalteco dio marcha atrás tan pronto como se enteró de aquella rectificación el brillante estratega de la cancillería guatemalteca, con el rabo entre las extremidades inferiores.
Mientras que, según la agencia AP, para el Departamento de Estado de los USA la pundonorosa posición de la mandataria brasileña es tomada como un desaire que hiere la soberbia del gobierno norteamericano, de la dócil actitud del régimen guatemalteco ni siquiera se dieron cuenta en la Casa Blanca y el Pentágono. ¡Qué vergonzante vasallaje, Canciller Fernando Cabrera!
(El improvisado diplomático Romualdo Tishudo cita a Quino, padre putativo de Mafalda: –Una cosa es un país independiente y otra cosa es un país in the pendiente).