Delincuentes a la vista


EDUardo-Blandon-2013

Más allá de las preocupaciones coyunturales que este gobierno nos genera, existe el consuelo de que este Presidente (y los suyos) también pasarán.  Y su final parece próximo dado que su tiempo expira.  Muy pronto ya no tendremos que escribir más sobre los abusos de esta administración y la ceguera voluntaria por la que no ven sino solo lo que les conviene.

Eduardo Blandón


Sin embargo se avecinan angustias nuevas.  Se escuchan nombres y aparece la propaganda de personajes que causan, como diría Kierkegaard, “temor y temblor”. Y no me refiero solo a los aspirantes a la presidencia cuyos ejemplares parecen salidos de personajes de novela negra, sino de autoridades menores que como los otros hacen tambalear al universo entero.

Nombremos algunos de ellos. Empecemos por el Alcalde capitalino que dice tener intenciones de repetir. ¡Pavoroso! Álvaro Arzú hay que sacarlo cuanto antes de la Municipalidad por diversas de razones, entre las que destacan sin duda su ineptitud y abuso con que gobierna la ciudad de Guatemala. Inepto porque no ha resuelto los principales problemas del Municipio. Abusivo por la forma en que ejecuta los proyectos atropellando a quienes se atreven a adversarlo.

En la misma línea, sin duda querrán repetir varios alcaldes aledaños a la ciudad capitalina. ¿Se extrañaría que Arnoldo Medrano quiera repetir? No se asombre, si le dan una mínima oportunidad lo hará. La misma historia ocurrirá en Santa Catarina Pinula, donde Antonio Coro está fascinado ejerciendo la autoridad y tiene en Medrano (antiguo compinche de partido) una figura a imitar.

Horroroso nuestro futuro político. Sin duda más de lo mismo. Vea si no. Analice los movimientos del Congreso de la República. Cada sujeto que se cambia de partido lo hace con intenciones futuras. La idea es movilizarse a la mejor organización, la que más le posibilite la opción de permanecer como Diputado. Así han logrado sobrevivir Nineth Montenegro y Arístides Crespo, entre tantos otros.

Lo que confirma que la alegría de los ciudadanos a menudo se queda a la mitad. Si bien se nos dibuja una sonrisa por el fin de los malandrines Otto y Roxana, no podemos alegrarnos en plenitud por los delincuentes que se aproximan y amenazan por continuar el saqueo de nuestras arcas. La historia continúa.