Ponen de manifiesto los connacionales el hecho de ser trabajadores ante la situación de crisis económica. Por consiguiente, demanda existe en gran dimensión, empero la oferta es menor día a día. La misma establece un sinnúmero de requisitos, algunos de difícil condición, llamados a obtener en ciertas dependencias gubernamentales, donde el caso se entrampa.
La mano de obra calificada, o también semicalificada sale a exhibirse con ostentación, por cuanto los empleadores pretenden más y mejor preparación de sus contingentes. Tal asunto, en general para muchos constituye un obstáculo, mientras que a criterio de otros puede subsanarse con afán, buena voluntad y firme deseo de llenar, sus mejores propósitos en verdad.
En el medio se cuenta con entidades encargadas de preparar dicha capacitación, verbigracia el Intecap, cuyo radio de acción extiende sus labores en algunas cabeceras departamentales, por ejemplo en Escuintla. Egresados son empleados con confianza, según noticias al respecto. De consiguiente, sirve esa relación obrero-patronal en buena lid, a modo de estímulo.
Aclaro que el encabezamiento de la presente columna obedece, como es notorio precisamente la proliferación de vendedores ambulatorios por doquier. Deducción elemental demuestra por supuesto que tal fenómeno permanente tiene raíces en la presente situación crítica económica; sin desestimar en modo alguno que también estamos aún en inicios del ciclo escolar.
Bien sabido viene a ser que durante el período vacacional estudiantil, jóvenes de ambos sexos, corroboran la tradición antañona que fuertes grupos de ellos y ellas salen en búsqueda de trabajo. Este por regla ya generalizada consiste en la oferta de trabajo temporal, consistente en comisiones en torno a la referida actividad con el calificativo de ambulantes.
En el momento preciso a que nos referimos, por todas las zonas y calles circula mucha gente de a pie, o si mucho en camioneta, donde abunda el peligro de asaltos que complica definitivamente este sacrificado trabajo durante la mayor parte del día, pero con rostro animoso y alegre, capaz de motivar al supuesto comprador de una gama heterogénea de productos diversos.
El trabajo que reza nuestra Constitución de la República es una obligación social y un derecho individual, merecedor de estímulo en lo que cabe y hay oportunidades. Empero, tampoco es razón para un mal trato, verlos a menos y caer en la indeseable explotación, por cierto ganadora de terreno en detrimento de la dignidad personal y en contra de los valores humanos.
En medio de las posibilidades hogareñas, el clamor creciente con rasgo de a voz en cuello viene a ser por lo menos darles un buen trato al momento de escuchar el timbre, o bien el toque de las puertas habitacionales. No con caras de sayones, somatarles la puerta y mucho menos ni siquiera escucharlos con educación, tampoco dejarlos con la palabra en la boca.