Existen temas álgidos, es decir, temas que tocan períodos críticos o culminantes dentro de los procesos políticos, económicos y sociales en los niveles nacionales y globales. Son temas que fueron prohibitivos en épocas en las que Guatemala estuvo bajo regímenes dictatoriales, aunque sabemos que Guatemala, como nación, aún no ha logrado desempantanarse totalmente de esas épocas, pese a que nos quieran vender un sistema dictatorial con maquillaje de Democracia, Soberanía, Libertad y el resto de palabras talismán con el fin de manipular a la población de una manera dolosa.
El tema de “El Estado paralelo” es álgido. Es un tema que se estudia como una ciencia social, económica o política en cualquier universidad del mundo. El Estado paralelo tiene varias acepciones y su estudio analiza las maneras en que los líderes políticos y el público en general se relacionan con los grupos criminales arraigados. El español Iván Briscoe define el término Estado paralelo como: “donde existe un nexo clandestino entre el liderazgo político formal, las facciones al interior del aparato del Estado, el crimen organizado o grupos armados ilegales y los expertos de la violencia”.
A partir de los finales de la Segunda Guerra Mundial los países, particularmente los del Norte, iniciaron formas de desarrollar actividades clandestinas por parte del Estado. La Central Intelligence Agency (CIA), con sede en Langley, Virginia EE. UU., fue creada el 18 de setiembre de 1947. Organizaciones similares y paralelas fueron creadas en los mismos Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Rusia, Francia, España, etcétera. Estas llamadas Agencias fueron formadas por aparatos militares especiales, policíacos y de inteligencia.
Las fuerzas especiales que componen estos aparatos son utilizadas para cometer acciones reñidas con la ley y, una de las consecuencias es el abuso del poder y del poder económico que les confieren los Estados. Los países latinoamericanos no desaprovecharon el ejemplo y crearon aparatos similares, aunque adaptados a la idiosincrasia de cada país, por lo que, en países como Guatemala, los abusos y la represión contra la ciudadanía han sido tan terribles que no existe familia en Guatemala que no haya sido tocada directa o indirectamente con sanguinaria violencia y asesinatos institucionales o callejeros, los que se entrelazan.
Guatemala es un país de gente reprimida, aterrorizada, domada, amansada y dócil por el hecho de que aceptaron un Estado paternalista en base de que las mayorías no conocen ni respetan sus derechos y obligaciones. Por esa misma razón es conveniente para quienes manejan a las fuerzas políticas y represoras, que la educación verdadera no sea parte del sistema. La gente pensante, para ellos, es peligrosa. De allí el asesinato de líderes que hubieran, verdaderamente, transformado para bien a Guatemala.
La corrupción, la falta de transparencia, los contratos estatales con las mafias de la iniciativa privada afiliadas a las redes criminales endógenas y exógenas establecidas, la falta de rendición de cuentas, el desorden público, la anarquía, etcétera es debido a la actuación irresponsable de los poderes instituidos, a los extrajudiciales y a la utilización de medios de comunicación corruptos y serviles que nutren la mentira y la falacia como medio de sostener su contratado soborno, tanto oligárquico y estatal como municipal. El pueblo de Guatemala en general, sigue creyendo lo que les alimentan por esas vías.
El fracaso del gobierno actual se debe precisamente a la razón de haber realizado negociaciones con el Estado paralelo durante la campaña por la presidencia de la República y, por lo visto, el próximo presidente caerá en la misma trampa porque en apariencia, no existe forma de escaparse de la garra que tiene atrapado al país. El guatemalteco común está aprisionado por el futbol y la cerveza, mientras su futuro se le escapa como agua entre los dedos.