Se sienten calofríos de una guerra en todo el Cercano Oriente


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Nos aventuramos hoy a tratar este tema reparando en la evolución que está teniendo la situación de Siria y las reacciones de otros países del mundo. Es una situación cambiante que puede tener una solución adecuada pacíficamente.

Marco Tulio Trejo Paiz


El presidente de Siria, Bashar Assad, ha estado a punto de provocar una guerra en gran escala en toda la región del Cercano Oriente, por motivo que, presuntamente, ha empleado armas químicas contra los rebeldes que tratan de echarlo abajo. Se citan centenares de muertos.
  
    Los Estados Unidos de América se mantienen alerta ante toda acción que amenace la paz con serias complicaciones susceptibles de arrastrar a los países de cualesquiera zonas, cuando no a todo el mundo, vienen investigando lo que realmente ocurre en Siria referente al uso de tan mortíferas armas.

    Es más, el presidente estadounidense, Barack Obama, ha anunciado que si en realidad Siria ha atacado a los insurrectos con artefactos capaces de provocar espantosas matanzas, como lo hizo Sadan Hussein en Irak, su poderosa fuerza aérea atacará al gobierno de Assad, pero  por decisión multilateral, no unilateral.

    Entretanto, en todas partes del mundo se está siguiendo minuto a minuto lo concerniente a los graves acontecimientos que pueden tener como resultado la eliminación del orden de cosas imperantes en Siria.

    En otros tiempos no se andaban los guerreristas con paños tibios para pelear contra los enemigos, pero menos mal que ahora no se hacen las difidaciones en forma inconsulta, lo cual constituye un cambio plausible en honor a la humanidad toda.

    Como se está temiendo, el desencadenamiento de una guerra regional, en la mencionada zona del Asia occidental, podría ser sumamente devastadora; a lo mejor sería la última sin vencedores ni vencidos, en razón de que en la actualidad son varios los países que cuentan con terríficas armas nucleares de inmensa destrucción de ciudades, de la flora y de la fauna, así como la muerte de millones de seres  humanos. Ya lo vimos desde la distancia, en l945, en Hiroshima y Nagasaki, Japón, donde murieron alrededor de doscientas mil personas.

Quiera Dios que no aparezca en algún país del orbe un loco que dé inicio a una hecatombe en la que se produzca una lluvia de bombas termonucleares no sólo desde los aviones, sino también por medio de misiles de diferentes alcances.

   Míster Obama debe meditar por lo menos mil horas antes de tomar la decisión de utilizar la fuerza aérea para sacar de sus reductos, vivo o muerto, a Bashar Assad.
  
   Los aliados de la superpotencia del norte  no estarán en disposición de dar su apoyo a la agresión si ésta se consuma en forma unilateral, no con base en un consenso multilateral. ¡Y se han estado escuchando voces estentóreas en tal sentido!…
  
   Oportuno es decir que la guerra civil de Siria es motivada por el fanatismo religioso. El  islamismo terrorista  ha metido trompas y narices, y no se tienta el alma para recurrir a los actos de lesa humanidad pretendiendo  destruir al “enemigo”, como califica a los países que no andan en sus ensangrentados y tenebrosos caminos.
  
   Se ha dicho que los musulmanes que viven en los países árabes han dejado como arrumbado el Corán (su Biblia) para recurrir al terrorismo a escala mundial. En cambio, sus correligionarios esparcidos en nuestro continente, especialmente en los Estados Unidos, abiertamente se oponen a los actos de terror cuando tratan de solucionar los problemas y, de esa manera, son respetuosos del Corán, que en sus preceptos no contempla la danza macabra…
  
   Nadie estará deseando, en esta ominosa hora del mundo, que el Cercano Oriente arrastre a la guerra a todos los países del globo terráqueo, ¡porque el incendio infernal lo reduciría a cenizas!!!