Mucho se ha hablado sobre que inmediatamente después de la toma de posesión del actual Presidente de la República, Otto Pérez Molina, algunos grupos políticos empezaron una campaña anticipada con vistas a las próximas elecciones.
En la actualidad, hay evidencias claras que diferentes partidos y personajes políticos están realizando actividades de proselitismo político en abierta vulneración a la ley electoral.
Hace algunas semanas, la presidenta del Tribunal Supremo Electoral, magistrada María Eugenia Villagrán, expresó su preocupación por la forma descarada en que algunos políticos y sus partidos se burlan de las normas que prohíben realizar campaña antes de la correspondiente convocatoria.
La funcionaria explicó que el Tribunal carece de un instrumento legal con normas y sanciones fuertes para quienes violenten las disposiciones sobre la materia. La esperanza es que el Congreso de la República pudiera aprobar varias reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, pero en la práctica ello es poco probable, pues ese organismo del Estado está formado esencialmente por diputados que son a la vez representantes de los partidos políticos que serían afectados con las modificaciones.
Como dice el refrán popular, entre gitanos no se leen las cartas, por lo que se estima que no existe la posibilidad de incluir sanciones eficaces para quienes se lancen a la aventura de la campaña anticipada.
Pero lo más grave, es que ahora muchos ciudadanos están convencidos de que el propio Gobierno está dando el mal ejemplo, pues la disposición de hacer obligatorio para los motoristas el uso del chaleco anaranjado, se interpreta como una maniobra del oficialismo para fijar en la mente de los ciudadanos, el color que identifica al partido oficial.
Sin duda, es una treta hábilmente montada dentro de un conjunto de medidas supuestamente destinadas a regular la circulación de esos vehículos, a la vez de contrarrestar los asaltos cometidos por delincuentes a bordo de motocicletas.
Los funcionarios del Ejecutivo han querido salir al paso, sin éxito, a los comentarios sobre que la utilización del chaleco naranja es ni más ni menos, una “pensada perversa” para posesionar entre el electorado los colores del Partido Patriota actualmente haciendo gobierno.
Al mismo tiempo, es muy notoria la acción propagandística disfrazada de información, que con recursos del Estado viene realizando el ministro de Comunicaciones, Alejandro Sinibaldi. El mismo Presidente Pérez Molina y la Vicepresidenta, también están al frente de una nutrida campaña propagandística para promocionar su imagen. Sin duda, sueñan con que su partido pudiera perpetuarse en las mieles del poder. Pasan por alto que el pueblo está despertando, que el actual régimen ha perdido credibilidad y que es difícil que puedan retener el poder.