Me refiero a algunos aspectos de nuestra conmemoración patria.
Cuyotenango. De pura casualidad me refiero a este pujante pueblo de la Costa Sur; el día viernes estaba en camino a una reunión de trabajo en Retalhuleu; iba con buena anticipación pero no contaba con el atraso de más de una hora en las afueras del poblado. ¿Accidente? ¿Deslave? ¿Bloqueo? No.
Era un desfile escolar que habían decidido realizarlo en la calle principal que, casualmente, es también la ruta Interamericana. ¡Qué bueno que expresen el amor patrio! Pero deben coordinar con los derechos de los demás guatemaltecos. Cientos de vehículos desesperados esperando que terminara la marcha. ¿Por qué no realizan el acto en una calle paralela? Supongo, por otra parte, que la ampliación de la carretera no atraviesa esos poblados.
Banderas. Proliferan las banderas de la patria pero ¿De qué color? Azul y blanco, celeste y blanco, aqua y blanco, etc. Es muy lamentable tanta indefinición porque estamos refiriéndonos a un símbolo nacional; ello va minando nuestra identidad. En todo caso llama la atención el apego que aún se tiene al color azul oscuro. Este matiz fue el original de 1871; precisamente por ese color el autor de la letra del himno se inspiró: “es tu enseña pedazo de cielo”. Pero por medio de Acuerdo Gubernativo de Méndez Montenegro en 1968 (ni siquiera fue el Congreso) ordenó que “Los colores de la bandera serán el azul y el blanco”, circunstancia que más adelante contradice cuando el mismo Acuerdo establece la nomenclatura ISCC-NBC 177 que corresponde al celeste pálido. De hecho casi ninguna bandera representa fielmente el referido tono celeste a diferencia del clásico azul que es más fácil de identificar y de reproducir. Las autoridades no le han puesto interés a este asunto que debería someterse a plebiscito en las próximas elecciones generales, una papeleta más para que opinen los ciudadanos.
Antorchas. Las marchas con antorchas son de las pocas expresiones que permanecen del fervor nacionalista. Los jóvenes se vuelcan a las calles y carreteras corriendo tras el portador de la lumbrera encendida; lo hacen voluntariamente, con buena disposición. Ello está bien pero debe establecerse cierto orden. Las autoridades deben promover campañas de precaución y recordatorios de que, esa tarde y noche del 14, las vías públicas se comparten con los corredores. Muchos frenazos de vehículos que después de una curva se encontraban con una caravana. Tráfico muy lento en algunos sectores.
Desfile. Los desfiles son por antonomasia de corte marcial. Desde tiempos antiguos cuando retornaba una exitosa campaña militar mostraba a las tropas triunfales e intactas así como a prisioneros y algo del botín (como los candelabros y otros objetos del templo de Jerusalén cuando ingresaron a Roma). “¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines la espada se anuncia con vivo reflejo.” Cada año son más las bandas de guerra (sí, de guerra). Los jóvenes se enlistan y entrenan con dedicación. Les gusta, les motiva el redoble de tambores y les hace falta el temple de las trompetas. Llamativo el paso marcial de muchas bandas, entre ellas las del Liceo Guatemala. Otras bandas eran más tipo sambódromo o Pasadena pero está bien, cada quien con su gusto.
Chimaltenango. De regreso pasé por esta cabecera (por cierto que sigue el cuello de botella de la Interamericana). De la celebración festiva se pasa a un extraño carnaval casi burlesco. Al parecer toda la población se vuelca a la orilla de la carretera como, meros observadores pero preparados con grandes cantidades de bolsas de agua que lanzaban a cuanto corredor pasaba y hasta buses y vehículos particulares con las ventanas abiertas. Muchos abusos. Toneladas de basura.