Patriotas hay, pero faltan ciudadanos


Oscar-Marroquin-2013

Los festejos de la independencia permiten ver que entre la población guatemalteca, y especialmente entre la juventud, hay signos de fervor patrio que se manifiestan en la entusiasta participación para recorrer enormes distancias portando las antorchas con el llamado fuego de la libertad, además de la participación en vistosos desfiles que se organizan en distintas localidades para rendir un tributo a la Patria en la celebración de su origen como Estado tras la declaración de independencia que, según nos han enseñado en las escuelas, “nos liberó del yugo de España”.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt


Cada vez son más los guatemaltecos que muestran su espíritu patriótico por estos días adornando no sólo sus casas sino también sus vehículos con banderas que nos permiten manifestar nuestro respeto por los símbolos patrios y el amor por la tierra que nos vio nacer. Poco importa, desde esa perspectiva, el análisis del verdadero motivo de la acción de los llamados Próceres que el 15 de Septiembre de 1821 suscribieron el Acta que contiene los términos de nuestra independencia y por ello se repite como estribillo que fue hace 192 años que, gracias a esa gesta, nacimos como Patria y celebramos ese nacimiento.
 
 Quizá porque nuestro patriotismo tiene raíz en el engaño que se ha usado siempre para explicar lo que fue la Independencia es que tiene mucho de superficial y por lo que, analizándonos a fondo, tenemos que ver que a lo mejor nos sentimos patriotas (no por el partido que nos gobierna), pero entendemos tan poco de civismo y dejamos que el destino de la Patria, esa cuya bandera mostramos estos días con tanto orgullo, sea no sólo decidido sino manoseado por quienes controlan los poderes reales y fácticos.
 
 Porque amar a la Patria termina siendo un sentimiento vacío y del diente al labio si no estamos dispuestos a comprometernos para hacer de ella un Estado viable. Con todo y lo que podamos querer a Guatemala, no podemos estar satisfechos de la Patria que tenemos porque la misma se ha convertido en un modelo de impunidad, corrupción, violencia, irrespeto a la ley, latrocinio y manoseo por sectores poderosos que se han sabido acomodar para sostener un modelo de saqueo inmisericorde que se traduce en mayor pobreza y falta de oportunidades para la población.
 
 No podemos pretender que la Patria que ansiamos sea construida por quienes la vienen esquilmando y es obvio que si algún cambio puede ocurrir será única y exclusivamente por la acción de los ciudadanos, es decir, de habitantes del país que entienden que son actores de la vida nacional, para ejercitar derechos y para cumplir obligaciones, entre las que no se puede dejar de mencionar la de exigir a como dé lugar el respeto a la ley y el fin de la impunidad que es el factor esencial para asegurar la existencia de un sistema corrupto en el que nadie mueve un dedo para ponerle fin al latrocinio.
 
 Como guatemaltecos nos hemos acostumbrado, tristemente, a vivir en ese modelo de ilegalidad y al final de cuentas todos nos sentimos beneficiados por la ausencia de una autoridad que sea capaz de hacer que se cumpla la ley. Nos parece conveniente que todos podamos hacer lo que nos viene en gana, desde cuestiones sencillas como el tránsito, hasta lo más complejo como es jugar con la vida humana y explotar los recursos del país sin asomo alguno de responsabilidad.
 
 Queremos a Guatemala y se ve en las calles en estos días el orgullo de adultos y niños para portar símbolos patrios que nos identifican como chapines. Pero no la queremos lo suficiente como para comprometernos a luchar por una Patria que sea cuna de la justicia, de las oportunidades, del respeto a la ley, del espíritu de servicio. Cuna, en resumen, de ciudadanos que entienden lo que es ciudadanía.