¿Qué clase de seguridad tenemos?


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Quien haya dicho que el número de muertos vinculados con el crimen organizado y la violencia disminuyó, MINTIÓ. Lo único cierto es que el actual Gobierno de la República se empeña en difundir capturas de líderes reales o ficticios; ya no hay cuantiosos decomisos pero sí se publicitan las capturas de inocentes exhibidos como delincuentes.

Fernando Mollinedo


Aunque el equipo de López Bonilla debe de entender que los delincuentes no deben ser tratados como ídolos, ni presentados como estrellas de televisión, el impacto mediático que tuvieron las capturas realizadas, con especial atención de los extorsionistas, se debió al gran temor de la ciudadanía a este grupo delictivo.

Pero… éstos, son sólo una pieza clave entre los delincuentes y no debe olvidarse que estos grupos organizados, al quedar sin dirigentes, forman otras bandas igual o más sanguinarias, que llegan al extremo de cercenar a sus víctimas; pues a la caída del líder surgen varias escisiones que se disputan las plazas.

Valdría la pena saber que el número de homicidios relacionados con el crimen organizado cayó o tuvo repunte y en qué porcentaje durante los últimos seis meses respecto del mismo periodo del año anterior. De igual manera, anunciar las cifras que pudieran significar un descenso.

Que en un país donde no hay guerra ni una invasión, como es el caso de Guatemala, hayan más de quinientas muertes por mes, es un claro signo de descomposición social que el Estado debe atender a la brevedad y con seriedad, pues tal vez sería comparable a la tasa que se vive en México donde se suceden ocho mil muertes violentas en sólo siete meses del presente año.

Pese a la intensa labor de la administración encabezada por el Ministerio de Gobernación, deben intervenir de forma decidida, los pocos especialistas en seguridad nacional que existen, pues aún no se advierte una política clara del actual gobierno en ese respecto; hay muchas dudas. No hay certeza, la ciudadanía no “percibe” la autoridad de la autoridad, pues la ayuda de los milites es lo que hasta ahora ha detenido la debacle, sin embargo, como lo señalara el genio de la Revolución Francesa Joseph Fouché, es fácil sacar a los militares a las calles, lo difícil es regresarlos a sus cuarteles, pues el Ejército está ejerciendo labores de seguridad pública.

Si bien es cierto que la PNC dejó de fabricar delincuentes, testigos, pruebas y ya no obliga a los detenidos a actuar frente a las cámaras de televisión, suben los homicidios y aumentan los secuestros. La “percepción” (así le gusta al Presidente que se diga y no se hable de la realidad) de la sociedad guatemalteca es que el número de homicidios registró un alza en los últimos meses, asimismo de los secuestros denunciados, un delito que tiene atemorizada a la población, porque lo mismo ocurre a potentados que a desposeídos y, sobre todo, a la clase media que se ha vuelto la más vulnerable.

La empresa estadunidense consultora de riesgo Control Risks, presentó en México su Risk Map 2013, y lo sitúa como el segundo país del mundo por el número de secuestros denunciados, sólo superado por Nigeria. En tanto Afganistán, donde hay una invasión y guerra civil, ocupa el sexto lugar, e Irak está en el séptimo sitio.

El delito que reporta un importante aumento es el de la extorsión. Se estima que cuatro de cada nueve familias han sido víctimas en al menos una ocasión de la delincuencia organizada a través del amedrentamiento y la amenaza. Luego entonces, es imposible considerar un gran logro la detención de algunos extorsionistas, porque aún queda mucho trabajo por hacer, para todo el gabinete de seguridad.