Como lo vimos el sábado anterior, Schubert dominó todo el campo de la música, sobresaliendo con su conocidísima Octava Sinfonía conocida como la Inconclusa y su bellísima música de cámara. No obstante, su don de espíritu creador estaba en las canciones íntimas (Lieder) tan propias del pueblo alemán. Su contribución en este terreno es infinita.
Del Collegium Musicum de Caracas, Venezuela
Por otra parte, Schubert tuvo que sufrir las incomprensiones de la educación musical de su tiempo, como sucedió desde Haydn hasta Berlioz. Tan es así, que el certificado de aprobación de la plaza de Maestro de Escuela redactado por Antonio Salieri fue más bien frío, una casualidad lo hizo caer bajo la mirada de Schubert que por esto rompió con su maestro. Es probable que no consiguiera la plaza porque no podía enseñar todos los instrumentos de viento. Poco tiempo después conoció al poeta Franz Schober, que se convirtió en su mejor amigo, pero ejerció una influencia menos saludable desde el punto de vista moral. Estos Lieder son tan hermosos como Casiopea, esposa de lucero, que en su alma de puntillas todo el vibrar sonoro de los mares ancestrales y en sus calles de lirio se deslizan mis alas grises.
En abril de 1817, cediendo a las instancias de sus amigos, Schubert envió a Göethe una selección de Lieder, cuya música había sido inspirada por textos del poeta; unió a ellos incluso, una carta muy sumisa. Göethe no respondió nunca. Cuando, por su lado, los amigos de Schubert habían fracasado ya en sus esfuerzos por editar El Rey de los Alisos se dirigieron al célebre cantante de ópera Johann Vögl, que cediendo a las instancias de Schober, del cual era huésped, consintió en examinar los Lieder de Franz. Al despedirse dijo al compositor: “Valen mucho, pero es usted demasiado poco comediante”. El cantante llegó a ser poco a poco el mayor admirador de los Lieder de Schubert, a los que en su diario calificó de producciones de una gran clarividencia musical.
El otoño de 1817 marcó el fin del plazo legal, durante el cual Schubert podía ser alistado en el servicio militar; por ello anuló inmediatamente sus funciones de profesor adjunto. Sin embargo, la producción musical de 1818 no fue tan rica como la de los años anteriores, porque Schubert se había visto obligado a dar lecciones de música.
Durante el verano de este año y más tarde, durante el de 1824, marchó como profesor de piano, con la familia del conde Johann Karl Esterhasy a las posesiones de éste en Hungría.
Pasó allí algunos meses de su vida, que estuvieron realmente exentos de preocupaciones, aunque no fuese excesivamente bien tratado. De vuelta a Viena, se alojó sucesivamente en casa de todos sus amigos. En esta época componía todos los días desde las seis de la mañana hasta la una del mediodía. Por la tarde encontraba en el café a sus amigos (además de aquellos a los que hemos nombrado ya, los pintores Kupelwieser y Moritz von Schwind). En 1820 fueron representados por primera vez Los Mellizos, obra que alcanzó un éxito rotundo. Se pidió la presencia del compositor en escena, pero Schubert se negó a comparecer por hallarse pobremente vestido. Aquel año conoció a la familia Fröhlich que contaba con cuatro bonitas muchachas muy aficionadas a la música, e hizo mucha amistad con ellas. La historia sentimental de la opereta La casa de las tres muchachas, en la que Schubert representa el papel principal, no está de acuerdo con la realidad.
En aquella familia encontró al poeta Franz Grillparzer. Antes de 1821 solamente algunos Lieder de Schubert habían sido editados.