Los tres grandes momentos de la unidad de las fuerzas sociales y políticas progresistas en Guatemala, verdaderos hitos históricos y momentos de avance político, fueron la Revolución de Octubre de 1944, las Jornadas de marzo y abril de 1962 y el surgimiento de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), en febrero de 1982. Hoy, el centenario de Árbenz convoca a un nuevo momento de unidad, reto al cual el Movimiento de Unidad Progresista y Popular (MUPP) intenta responder.
Árbenz es la figura histórica de la Revolución de Octubre de 1944, revolución democrática que acabó con la dictadura ubiquista y abrió las puertas para que Guatemala tuviese su “Primavera Democrática”, ejemplo para América Latina. Como segundo Presidente de la Revolución, fue el más destacado mandatario de la historia de Guatemala, profundizando las grandes transformaciones sociales y políticas de Juan José Arévalo, su predecesor, y avanzando las transformaciones socioeconómicas que eran necesarias para eliminar las estructuras feudales del agro guatemalteco. Enfrentado a las maniobras del Gobierno de Estados Unidos, que se había aliado con los sectores de poder económico y la jerarquía de la Iglesia Católica para subvertir el gobierno, cooptar al ejército y derrocar al Presidente, Árbenz se vio obligado a tomar difícil decisión: enfrentarse militarmente a los enemigos o renunciar como Presidente. Sin apoyo internacional, ni de América Latina ni del bloque socialista, con mandos militares dispuestos a traicionarlo, sin población armada para defender las conquistas y con la falsa promesa de Washington que no habrían represalias ni se modificarían los logros de la Revolución, Árbenz renunció como Presidente en junio de 1954 y se asiló en la Embajada de México.
En adelante, hasta su muerte en 1971, la CIA se encargó de impedirle que tuviese una plataforma para expresarse, así como de destruir su imagen, con el miedo de que fuese, con el tiempo, líder de un movimiento nacional de recuperación revolucionaria. Lamentablemente, también en ese período, personas que habían compartido sus ideales y actos le dieron la espalda, con contadas excepciones, y quienes debieron acogerlo con honra y dignidad, lo ignoraron. Se cometió la gran injusticia histórica de negarle su condición de prócer revolucionario, no solamente de Guatemala sino que de toda América Latina. Su figura solamente se empieza a rescatar cuando, en el medio de las negociaciones de paz entre el Gobierno de Guatemala y la URNG, sus restos regresaron al país, en octubre de 1995, y una multitud de más de 50,000 personas los acompañó a sus exequias fúnebres. Árbenz cobra realce hoy, con el centenario de su natalicio, y será fundamental en 2014 cuando se conmemoren 70 años de la Revolución de Octubre y 60 años de la intervención estadounidense. Se hará justicia al primer revolucionario latinoamericano post Segunda Guerra Mundial.
Han pasado 17 años de la firma de los Acuerdos de Paz. La derecha del país ha desbaratado los logros de la paz y ha sumido a Guatemala en una crisis política, social, económica y moral que la hacen un Estado casi fallido. Ante esta trágica realidad, el centenario del nacimiento de Árbenz ha abierto la oportunidad para hacerle justicia y para provocar una amplia unidad con diversidad, donde todas las fuerzas sociales y políticas progresistas y los sectores populares puedan concurrir, sin exclusión alguna. Con el rescate de su figura, en la forma en que ya se realiza, en este año que iniciamos con su natalicio cien, el 14 de septiembre de 2013, construiremos el Movimiento de Unidad Progresista y Popular (MUPP), para darle plena vigencia a la Revolución de Octubre de 1944, el Acuerdo de Paz Firme y Duradera, las recomendaciones de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico y los aportes de las luchas de hoy.