Caricias y abrazos


ana-cristina-morales-modenesi

La caricia es el lenguaje del amor, y en ella se imprime la persona única quien somos, es algo así como la huella del alma. Quedamos definidos en la manera en que la prodigamos y recibimos. De tal modo que todo nuestro ser y sentidos se involucran al dar y recibir una caricia.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi


Para amar y acariciar es necesaria una apertura, pero ese abrir no significa que podamos amar indiscriminadamente. A través de la caricia conformamos un encuentro con lo humano, el cual constituye nuestra energía y fuerza de existencia.

Ninguna persona desea estar sola, pero para estar acompañada hay que saber dar y recibir.

Es un hecho que nadie puede dar lo que no tiene. Por lo que recibir antes de dar se hace un hecho relevante. Las caricias de nuestra niñez nos consolidan, nos ayudan a ser personas con confianza en la vida y en los otros, nos alientan a vivir siendo auténticos con nosotros mismas/mismos. Es un abrazo tierno y fugaz con la vida, pero que se enraíza en toda nuestra existencia.

«Toda persona tiene necesidad de ser tocada y reconocida por los demás» (James). Estas son necesidades biológicas y psicológicas a las que Berne, psicólogo del análisis transaccional, llamaba «hambres». De la misma manera que el alimento es necesario para saciar el hambre, la persona necesita ser tocada y reconocida por los demás para saciar su necesidad de caricias y de afecto.

Dentro de las caricias se encuentra el abrazo, este es una muestra de amor o saludo, que se realiza al rodear con los brazos a una persona. Generalmente indica afecto hacia la persona que se le prodiga, puede brindar consuelo, sentido de protección y bienestar. Un abrazo en ocasiones dice lo que las palabras no pueden.

Se ha llegado a la consideración de que necesitamos recibir abrazos y caricias para sobrevivir, y esta se verifica con mayor facilidad en la niñez, tal cual han demostrado científicos de la Universidad de Duke (USA). Sin gestos de afecto en la infancia no se produce suficiente hormona del crecimiento. Investigaciones revelan que el cerebro de un bebé que no recibe caricias es aproximadamente un 20% más pequeño.

Los abrazos nos ofrecen una manera de ser más sociales y conectar con nuestros seres queridos a nivel más profundo. Resultados de experimentos científicos refieren que el contacto físico puede: Tener un efecto positivo en el desarrollo de los niños y su inteligencia, hacernos sentir mejor con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea y mejora la salud.

Dentro de los beneficios de los abrazos se describen los siguientes: Sentirse bien y con sentido de conexión con otros seres humanos, abre puertas a sensaciones, ayuda a la autoestima, alienta al altruismo, retrasa el envejecimiento, vence al miedo, ayuda a reducir el apetito, disminuye la presión arterial, ayuda al problema del insomnio y de las adicciones.

El contacto físico en resumen acrecienta nuestra salud física y emocional. Es una forma de expresar nuestro afecto y ternura a los demás. Con un abrazo nos cargamos de energía y también nos conduce al descubrimiento de nuestra propia ternura y a la alegría de sentirnos vivos. Para finalizar no me resta más que brindarles un fuerte abrazo.