La herencia salvaje


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En fecha reciente, don José Pinzón, máximo dirigente de la Confederación General de Trabajadores de Guatemala, CGTG, escribió un artículo haciendo un análisis sobre la dramática realidad que se afronta en Guatemala dentro del marco vergonzoso de una constante exclusión social, un cuadro de violencia e inseguridad y una democracia de fachada en la cual las campañas políticas de los partidos son financiadas por el poder económico nacional y transnacional.

Félix Loarca Guzmán


En ese trabajo se pregunta ¿por qué vivimos y estamos como estamos? Luego contesta: Porque dejamos que se nos impusiera la conciencia ingenua y mágica, permitiendo que otros pensaran, decidieran y actuaran por nosotros mismos. Esa  es la herencia salvaje que predomina en la actualidad.

Con la claridad del dirigente obrero que ha librado numerosas batallas a favor de la dignificación de los trabajadores de Guatemala, don Pepe Pinzón señala que “los que llegaron del exterior a descubrirnos y conquistarnos (1492-1525), no eran mayoría.  Eran minoría.  Sin embargo, nos dejamos someter. Desde esa fecha, la imposición, persecución y asesinatos, constituyen una realidad.”

Otro pasaje burdo, es la llamada independencia del 15 de Septiembre de 1821, suceso que únicamente favoreció al pequeño grupo dominante del momento. “Desde esa época, las mayorías no tuvieron acceso a tales servicios.  Únicamente les dieron migajas.  Es en ese contexto que surgen las raíces de la pobreza, la marginación y  la exclusión social”.

El líder histórico de la CGTG puntualiza que “Así sucesivamente, se fue hilvanando la realidad con líderes politiqueros que respondían a los intereses de esa minoría, como Justo Rufino Barrios que consolidó la tenencia de la tierra a favor de los pequeños grupos de ese tiempo”.

Una fase de ese proceso perverso culmina con la caída del dictador Jorge Ubico, abriendo el camino para la Revolución de Octubre y la elección  de presidentes progresistas como  Juan José Arévalo Bermejo y Jacobo Arbenz Guzmán.”

Los cambios que se dieron durante esos diez años iban en dirección de transformaciones estructurales como la Ley de Reforma Agraria. Pero ese sueño  se vio truncado por una invasión armada promovida por Estados Unidos  en 1954 derrocando al Presidente Arbenz.

“Los años posteriores  fueron suficientes para que con la garantía de los militares, la minoría pudiera trazar la estrategia orientada a impedir el regreso de las mayorías al poder. 

Durante esos años, se produjeron los asesinatos de grandes líderes  como Manuel Colom Argueta y Alberto Fuentes Mohr. Así murió el liderazgo político nacional. A la fecha, ninguno de los Presidentes electos a través del sistema de partidos políticos vigente ha impulsado políticas de Estado para resolver los problemas fundamentales que agobian al pueblo.”