Cuántas veces no hemos oído a una persona describirse a sí misma o a otra como alguien de carácter fuerte. ¿Pero qué significa ello? Considero que amerita reflexión este tema. Ya que de manera usual existe la posibilidad de confundir este significado, por lo que se confiere animadversión a esta connotación.
Al describir a una persona con carácter fuerte una mayoría dice de quien es violenta, imponente, irrespetuosa, mal educada e impulsiva. En conclusión que da miedo. Y entonces cabe la posibilidad de preferir ser una persona débil. Esto último, lo entienden, como alguien que asume una postura contraria a la anterior y que posiblemente permita que la persona fuerte controle su vida, le realice quebrantos y no se pueda o sepa defender ante la violación de sus derechos.
Me suelo preocupar cuando alguien define carácter fuerte como uno igual a ser agresivo. Con esto más, al definir este carácter para alguien en lo individual o para un grupo o comunidad en especial. Ya que entonces se está propiciando un permiso para ser violento e impulsivo. En la región oriental de Guatemala, en la mayoría de personas se observa como norma aceptada el concepto de que son de carácter fuerte. Entonces se confiere una aceptación social de la manera agresiva de conducirse ante la vida.
Pero al principio decía que existe una grave confusión, en tanto a la valorización de quien tiene carácter fuerte. Ya que la realidad es distinta, las personas de carácter fuerte saben lidiar con los avatares de la vida, con paciencia, esmero, inteligencia y perseverancia. Tienen múltiples recursos para confrontar los conflictos que surgen en su existencia, guardan un equilibrio armonioso en tanto a las posibilidades de relación con otros seres humanos. Su autoestima no es endeble, lo cual les permite tratarse bien y tratar a los otros con bondad, respeto y consideración. Aprenden de errores y de situaciones dolorosas, se conducen con dignidad y dignifican a la vida y a lo humano. Tienen un sentido y comprensión de sí mismas que les otorgan autonomía.
La agresión es un último mecanismo de enfrentar los problemas o los disentimientos ante distintos eventos. Cuando nos sentimos propensos a actuar sin pensar previamente en consecuencias, siguiendo nuestra impulsividad y no nuestro discernimiento, utilizamos mecanismos de defensa cavernícolas que nos sitúan en un plano primitivo y sin mayores recursos para dialogar, comprender y solucionar problemas. Por lo tanto, cada vez que nos podamos sentir ufanos de comportarnos agresivos, prepotentes, narcisistas tendríamos que considerar, que en realidad, nos encontramos haciendo gala de nuestros escasos recursos personales para lidiar con los problemas del día a día.
Necesitaremos más pistolas, carros blindados y guardaespaldas, para compartir en una sociedad que si bien es cierto se conduce de manera violenta. Nuestra propia conducta realiza una atracción innecesaria para mayores explosiones de violencia contra nosotros mismos/mismas.
El discernir el concepto de una persona de carácter fuerte, se hace necesario. Porque en verdad, se necesita de una sociedad con personas fuertes y no agresivas. Que no otorguen mayor poder a sus instintos y aprendan a ser más reflexivas, a utilizar su pensamiento crítico, a meditar antes de actuar y ser proclives a la tolerancia ante situaciones de diferencia.