Jose Martí­ (segunda parte)


í“scar Enrique Alvarado S.

En la ciudad de La Habana existe el antiguo Capitolio convertido en museo, en él los turistas reciben indicaciones sobre el funcionamiento de los gobiernos anteriores a la Revolución de 1959. Ningún otro edificio podí­a ser construido rebasando la altura del Capitolio, hasta que con el socialismo surgió la Plaza de la Revolución, ahí­ fue construido el Memorial de José Martí­ que tiene una altura mayor que el Capitolio. La biografí­a del apóstol en varios idiomas es expuesta en el primer nivel del edificio.

Una gran estatua de la cabeza de Martí­, de mármol, jamás le da la sombra. Para lograr tal pericia en la escultura el gobierno llevó a feliz término un concurso.

He conocido hombres que desean que todo les llegue de regalado, sin luchar, inclusive practicando una terrible corruptela con los recursos del pueblo, otros son presidentes ladrones, la vida entera de Martí­ representó un esfuerzo constante. Pertenece a los niños y adultos, es el alma de un ideal libertario. Leamos su biografí­a y confirmemos lo que aquí­ estoy afirmando. Martí­ fue siempre un maestro, en universidades, en la escuela nocturna de Nueva York, en las constantes proclamas a todos los cubanos residentes en La Florida y toda la costa Este de los Estados Unidos. Colaboró en revistas y periódicos, el Sol, de Nueva York, La Nación, de Buenos Aires…

A los escasos dieciséis años soportó los trabajos forzados, con grilletes y cadenas, trasladado luego a la Isla de los Pinos, por ello escribió el Presidio Polí­tico en Cuba cuando se encontraba en calidad de desterrado en España.

En el libro Guatemala, publicado en México en 1877, demuestra que leyó a los cronistas coloniales, poetas e historiadores, sabí­a de los problemas de la educación durante el gobierno de Justo Rufino Barrios, la producción agraria en cada región del paí­s. Escribió sobre la Revolución del 30 de Junio en Guatemala, describe la antigua Calle Real, -hoy Sexta Avenida- desde el Cerro del Calvario, nos dice los nombres de escultores de imágenes en San Francisco, Santo Domingo. La Merced, Recolección, Catedral y otras iglesias. Ni siquiera una fotografí­a nos darí­a una visión que Martí­ traslada al lector cuando describe la feria de agosto: los frutos, los caballos, comidas, trajes, muchedumbre. Camino de la feria pasa don Miguel Garcí­a Granados, a la edad de 60 años conoció la victoria al frente de la revolución.

Un viaje a la histórica Antigua era por medio de carruaje, dejando atrás al Castillo de San José y la Plaza de Toros. Quetzaltenango con sus imponentes volcanes de Santa Marí­a y Cerro Quemado, sus baños termales de Almolonga, el frí­o en las mañanas de enero.

De cada pueblo hay descripción y belleza: Zacapa, Izabal, Livingston, Cobán, Puerto de San José, Escuintla, Amatitlán, Costa Cuca. Nos dice que la producción de nopal estaba en el abandono. En su lugar el café era la esperanza del paí­s.

Su acción revolucionaria comenzó siendo un adolescente. Escribió el poema Abdala expresando su amor por la patria.

… El amor, madre, a la patria

No es el amor ridí­culo a la tierra,

Ni a la yerba que pisan nuestras plantas;

Es el odio invencible a quien la oprime,

Es el rencor eterno a quien la ataca;-…

En la obra El Presidio Polí­tico en Cuba denunció las duras condiciones, incluyendo reclusión de niños.

Fue deportado a España, sufrió épocas económicas difí­ciles, estudió la historia del paí­s. Las cortes de Cádiz de 1812 en plena invasión militar francesa, el lento abandono del antiguo régimen la ardua labor de Jovellanos intentando la adopción de nuevas leyes, todo fue motivo de reflexión para quien serí­a con el tiempo el mártir de la libertad.

Continuará.