El presidente estadounidense George W. Bush deberá enfrentar una nueva semana difícil con un Congreso donde los demócratas quieren atenuar sus poderes presidenciales y donde cada vez más republicanos critican su gestión de la guerra en Irak.
Tras un receso por el aniversario de la Independencia el 4 de julio, los demócratas pueden retomar la ofensiva contra Irak y contra dos asuntos de política interna: el programa de escuchas antiterroristas sin mandato judicial y el controvertido despido de fiscales federales.
Los legisladores se oponen también a una poco popular decisión de Bush de perdonar a Lewis Libby, ex brazo derecho del vicepresidente Dick Cheney, condenado a dos años y medio de prisión por mentir a la justicia.
La presidenta demócrata de la Cámara de representantes, Nancy Pelosi, prevé aprobar próximamente un proyecto de ley que autoriza el inicio de un retiro progresivo de tropas de Irak en cuatro meses. Las posibilidades de éxito de este proyecto son de todas formas mínimas, Bush ya vetó una ley similar.
Según fuentes parlamentarias, los senadores Hillary Clinton y Robert Byrd quieren por su parte reducir de manera significativa los poderes de guerra del presidente, al proponer una enmienda a una ley sobre el tema adoptada hace cinco años.
Los demócratas tienen 49 senadores de 100, y pueden en general contar con el voto de diez independientes. Pero para torcer el brazo del presidente son necesarios 60 votos, una cifra que los demócratas no han logrado reunir hasta ahora.
Pero la táctica de erosión de los poderes del presidente ha generado rumores en la base republicana de Bush, que ya ha rechazado apoyarlo en el tema de la reforma migratoria.
El ex presidente de la comisión de asuntos exteriores del Senado, el influyente Richard Lugar, ferviente partidario de la guerra, declaró hace dos semanas que el envío de refuerzos, que incrementó el número de soldados estadounidenses en Irak a alrededor de 160.000, no funcionará.
Otro senador republicano, George Voinovich, llamó a un retiro de tropas.
Desde el jueves, otros tres de sus colegas republicanos, Pete Domenici, Lamar Alexander y Judd Gregg, también han pedido públicamente al presidente cambiar de estrategia.
La Casa Blanca ha minimizado la rebelión de los parlamentarios republicanos, resaltando que pronto se hará un balance de la nueva estrategia. Esta tarea la realizará en setiembre el comandante de las fuerzas estadounidenses en Irak, el general David Petraeus.
Para los demócratas, el tema va más allá de una batalla política contra la Casa Blanca. Ellos controlan el Congreso desde enero, pero sus divisiones y sus tergiversaciones los han llevado a un nivel de popularidad aún menos que el del presidente, según sondeos recientes.
«Están más interesados en liderar las encuestas, las batallas políticas, que en hacer aprobar nuevas leyes», ironizó el jueves el portavoz de la Casa Blanca Scott Stanzel.