Nuevo invento para no videntes


Invento. El ex profesor de economí­a, Claude Garrandes, usa el nuevo aparato para personas no videntes.

Poder leer una etiqueta en un comercio o el programa de un concierto ha dejado de ser una fantasí­a para los ciegos gracias a un lector portátil inventado por un francés que es capaz de traducir el texto al braille de forma instantánea.


Este aparato es casi del tamaño de un ratón de ordenador, pesa 120 gramos y cabe en la palma de una mano o en un bolsillo.

Raoul Parienti, el ingeniero francés que lo ha creado, estima que Top Braille podrí­a aumentar la autonomí­a de los 42 millones de ciegos en el mundo y de las personas con problemas de visión.

«Cuando se desplaza el aparato sobre un texto, una microcámara numérica escanea cada una de las letras, transmite las imágenes al procesador que controla una unidad braille situada bajo el í­ndice del usuario», explica Parienti.

Las pequeñas partes puntiagudas de esta unidad bajan o suben para componer la traducción instantánea al braille de cada letra, tanto si está impresa en papel como en otro soporte, como latas de conservas o cajas de medicamentos.

Con la ayuda de un auricular también se puede escuchar el texto.

«La función sonora es un complemento, ya que si sólo se lee el texto es mucho más difí­cil de memorizarlo», estima el inventor.

«El paso por el braille sigue siendo indispensable, es la principal ví­a de acceso a la cultura para los ciegos. Todos los que han cursado estudios superiores lo han hecho gracias al braille», asegura, visiblemente engatusado por el nuevo aparato, Claude Garrandes, un ex profesor de economí­a que quedó ciego cuando era adolescente.

La función sonora puede incluso facilitar el aprendizaje del braille y la memorización de los textos leí­dos, que a su vez pueden ser cargados en un ordenador mediante un lector USB.

De todos los inventos de su autor, muy prolí­fico, Top Braille ha sido el más complejo.

Necesitó diez años en los que ha tenido que sortear muchos obstáculos. «Habí­a que desarrollar un software de traducción de letra por letra y no de palabra por palabra, como existe actualmente. Era necesario que todos los signos fuesen reconocibles. Se necesitaba un procesador muy potente, que no consumiera demasiado, para garantizar una buena autonomí­a», explicó Parienti.

Para coronar su invención, el creador integró un software de navegación que ayuda a los invidentes a orientarse en el texto.

Parienti colabora con varias compañí­as de electrónica brasileña, francesa o búlgara y ha cofundado una sociedad para comercializar este aparato, del que salió a la venta una primera serie, a un precio de unos 3.000 euros, que ya acabó en manos de una asociación de Mónaco.

«Queremos aumentar los volúmenes progresivamente y perfeccionar el software: ya está disponible en francés, italiano e inglés, nos ocuparemos del alemán y el español dentro de tres meses y del cirí­lico dentro de seis», concluyó Parienti.

«El paso por el braille sigue siendo indispensable, es la principal ví­a de acceso a la cultura para los ciegos. Todos los que han cursado estudios superiores lo han hecho gracias al braille.»

Claude Garrandes, un ex profesor de economí­a que quedó ciego cuando era adolescente.