Grupos de narcomenudeo y robo de celulares operan en la zona 1


aa_foto_4_archivo

La reconstrucción del perfil criminal de Diego Armando Moisés Monzón Pereira, quien murió tras ser vapuleado por disparar en contra del estudiante Leonel Alejandro Guillén Sosa, devela la vinculación entre estructuras de robo de celulares, distribución de drogas y circulación ilegal de armas de fuego que operan en la zona 1, según fuentes del Ministerio Público (MP) y de la Policía Nacional Civil (PNC).

POR MARIELA CASTAÑÓN
mcastanon@lahora.com.gt

Monzón Pereira junto a su estructura tenía un punto de distribución de droga en las zonas 1 y 2; aunque él también consumía principalmente marihuana.  Su centro de captación de adictos era el Parque Central, donde pasaba buena parte de su tiempo.

Según las investigaciones, para comercializar narcóticos el joven necesitaba un “capital”, el cual obtenía a través de sus vínculos con los delincuentes de la 20 calle, quienes piden una cuota de celulares robados y pagan por ellos.

Los comerciantes de celulares robados operan a través de fachadas, esto lo comprobó La Hora el 12 de noviembre del año pasado, en la publicación “Fachadas detrás de la comercialización de celulares de dudosa procedencia”, donde se explica que en la zona 1, los proveedores de móviles robados se instalan en una tienda y esperan al potencial cliente, quien pregunta sobre los costos y las características del aparato que necesita.  Los celulares no están expuestos, están dentro de una casa.

Por otro lado, las pesquisas refieren que Monzón Pereira obtuvo el arma de fuego con que disparó a Guillén Sosa y amedrentaba a sus víctimas, en el Parque Central, punto donde la distribución de armas también prolifera por parte de otros grupos que entregan estos objetos.

Las diligencias aún no han logrado establecer mayores datos del revólver calibre 38 utilizado por el asaltante, lo único que se sabe es que tenía el registro borrado.  Es probable que las armas que circulan en el parque hayan sido utilizadas para cometer varios asesinatos, es decir, lo que se conoce como “armas calientes”.

Análisis del Laboratorio de Balística Informática del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif), indica que de 2010 a la fecha se han identificado 1 mil 317 armas de fuego para cometer hasta 28 hechos de violencia, por parte de estructuras criminales.

Las pesquisas en torno a estos casos continúan; en reiteradas ocasiones se ha hecho público que los asaltos y la distribución de droga al menudeo persisten en el Centro Histórico.

ADICCIONES

Según información de las autoridades, existe una línea muy delgada entre un distribuidor de droga y un consumidor.  Es probable que la población joven que comercializa narcóticos posteriormente caiga en el juego de ingerirlos.

En el caso de Monzón Pereira, empezaba a consumir marihuana.