Extorsiones a obreros en el ramo de la construcción


Eduardo-Villatoro-2013

Sostengo relaciones amistosas y de distinta índole con diversidad de personas, incluyendo plomeros, albañiles, carpinteros, electricistas y otros obreros, además de profesionales universitarios de variedad de disciplinas, entre los cuales arquitectos e ingenieros. Con muchos de ellos soy amigo personal, además de algunos familiares míos, y si me refiero a las actividades a las que se dedican es por lo que seguidamente explicaré.

Eduardo Villatoro


A causa de que en la casa donde vivo con mi familia la bomba de agua del depósito funcionaba cada pocos minutos sin que estuviera abierto algún grifo, sospeché que habría alguna fuga en la cañería de la vivienda, lo que confirmó un amigo mío de hace bastantes años y su ayudante que se dedican a trabajos de plomería y electricidad, y que acudieron a mi llamado al salir de las labores para las cuales fueron contratados en un edificio en construcción.
 
Afortunadamente y después de diversas operaciones y exploraciones ambos obreros descubrieron tres fugas de agua, y una tarde de esas mientras degustábamos sendas tazas de café con champurradas salió a relación las oportunidades que se les presentaban para realizar sus tareas, así como conflictos con algunas personas que se retrasan en hacer efectivo el pago de los salarios devengados honradamente por mi camarada y su compañero.
 
Lo más grave salió a luz cuando les lancé una pregunta acerca de un serio problema con características delictuosas que ya me habían contado un maestro de obras y dos albañiles, también amigos míos, respecto a un asunto delicado y que afecta las limitadas economías domésticas de esta clase de obreros, así como a carpinteros, electricistas y otros proletarios que se dedican a la rama de la construcción de condominios, edificios comerciales y de apartamentos, en sus escalas inferiores.
 
Ambos confirmaron lo que yo consideraba rumor maldiciente y se explayaron en el tema, respecto a que muchos encargados de construcciones, incluyendo arquitectos e ingenieros que tienen a su cargo la dirección de ese tipo de proyectos, en confabulación con maestros de obras, extorsionan o chantajean a los obreros que tienen bajo su mando, porque les exigen Q200 semanales o Q400 quincenales, según sea la modalidad del día de pago, y similares cantidades les piden a los obreros que buscan trabajo si desean ser contratados.
 
Ahora que la Cámara Guatemalteca de la Construcción y la Asociación Guatemalteca de Contratistas de la Construcción exigen que el Estado “honre sus deudas” con estas empresas y que el Congreso apruebe la emisión de bonos, para “finiquitar el pago de la obra ejecutada”, deben investigar a sus asociados que lucran mediante el chantaje y la extorsión a sus obreros, para que no permitan que subalternos suyos sigan explotando más a la clase de menor rango en el ramo de la construcción.
 
Esa corrupción, en la que están coludidos muchos contratistas, no debe extenderse a los obreros. Es una infamia.
 
 (El plomero Romualdo Tishudo lee en la pared de un edificio en construcción este graffiti: –Un mundo diferente no puede ser construido por personas indiferentes).