Lágrimas sonoras del réquiem de Johannes Brahms


celso

Como lo apuntamos el sábado anterior el Réquiem Alemán es uno de los más hermosos de la literatura musical occidental. Como lo indicáramos dividido en varias partes, el texto de la parte tercera es el más hermoso por la profundidad con que el coro aborda la vida espiritual. En tal sentido, del temor expresado por el bajo, el coro asume el papel principal. Del temor que crece: “¡Ay! los hombres no son más que una nada. Se mueven como fantasmas y se preocupan inútilmente. ¿Qué nos consolará? ¿Qué podemos esperar?”. Una fuga que se regocija sobre un pedal, responde: “Las almas de los justos están en las manos de Dios”.

Celso A. Lara Figueroa
Del Collegium Musicum de Caracas, Venezuela


Esta obra está dedicada a Casiopea, cuyo sonido único se convierte en cascada de miel, esposa dorada, quien es barco despeñado en mi corazón ardiente y a quien ciño la cintura en la plenitud del alba.
        IV.-  La cuarta parte principia con el texto: “¡Cuán deseables son tus moradas!” y evoca así la visión de la apacible felicidad que encontrará el hombre fiel, “Mi alma añora los claustros del Señor” y luego: “Felices aquellos que están en tu morada”, y termina con el lamento quejumbroso, pero no desesperado del coro, modulando sobre el texto siguiente “Oh bienaventurados son los que habitan en su casa, Ellos alaban su nombre eternamente”.
        V.- La quinta parte se inicia con el texto, “Vosotros estáis tristes ahora, pero yo quiero volver a veros de nuevo.  Quiero consolaros como una madre consuela a su hijo”.  Así canta la soprano, repitiendo el coro la promesa con alegre confianza.  No nos cabe la menor duda que una vieja costumbre alemana inspiró a Brahms este pasaje: al inhumar a un muerto, un niño del coro se acercaba a la tumba y cantaba al difunto un himno que todos los asistentes repetían, como lo cuenta Heine en su Alemania.
        El coro en una serenidad extraordinariamente lograda por Brahms  sobre el texto “Entonces, de aquello viejo que ha sido escrito lo mismo será traído a cumplir.  La muerte ha sido absorbida por una victoria ¿Dónde está, ¡Oh muerte!, tu victoria?”, concluye esta parte en un verdadero susurro.
        VI.-  La sexta parte se inicia sobre las palabras “Pues aquí no hemos hallado una morada  permanente, buscamos nuestra morada  futura.  Mirad, yo os revelo un misterio: no todos moriremos, pero todos seremos transformados, y esto sucederá pronto cuando suene la última trompeta”.  Después del ataque del coro, el barítono se refiere al misterio consolador y la muchedumbre confiesa con un respeto temeroso: “Todos seremos transformados”, y sigue “Pues la trompeta sonará”, que nos describe como el Dies irae del Réquiem católico, los horrores del Juicio Final, descripción que se ve, sin embargo, mitigada por el grito triunfal del “Muerte, ¿dónde está tu aguijón?”.  Una fuga, “Señor, sólo a Ti paz, honor y fuerza”, termina esta escena apocalíptica, sobre el lamento “¡Dichosos aquellos que mueren en el Señor!”.  La melodía de este texto cantada por las sopranos, está sacada de la primera parte (después de la letra F de la partitura), cuyas palabras son: “Serán consolados”.  Es aquí cuando por primera vez aparece una verdadera atmósfera de “paz, que sobrepasa toda comprensión”.  La parte central: “Pues el Espíritu manda que descansen de sus penas”, es de un tono un poco más denso.  El amplio final de la primera parte vuelve a aparecer más tarde al final de la obra.
       El Réquiem Alemán de Brahms, es pues, una de las obras más importantes de la literatura musical occidental.  Las anotaciones anteriores son reflexiones del autor surgidas al calor de los ensayos del mismo  en Venezuela.