Corrupción: alucinación colectiva guatemalteca


Eduardo_Villatoro

    Gracias a la compatriota Raquel, quien reside en Estados Unidos y me envía informaciones que regularmente no se publican en los diarios impresos de Guatemala, pude enterarme de un fenómeno que no por conocido deja de pasar desapercibido, pues la agencia de noticias IPS confirma que los partidos políticos son las instituciones sociales más corruptas en la mayoría de los países del mundo, según  encuesta de Transparencia Internacional.

Eduardo Villatoro


Además, el Barómetro Global de la Corrupción 2013, que realizó la investigación, señala que en 107 naciones el 54 % de los entrevistados opina que sus gobiernos están controlados parcial o totalmente por un puñado de organizaciones que actúan en su propio beneficio.

   Me llama la atención, empero,  que en ese listado de países en los que campea la corrupción no aparece Guatemala, lo que podría conducir a determinar que el gobierno guatemalteco y los políticos que pululan en el Congreso y en las instituciones del Organismo Ejecutivo, son el prototipo de la honestidad, decencia y hasta de castidad monetaria, incluyendo al digno (¿?) representante de la Universidad de San Carlos que en contra de la posición del Consejo Superior Universitario y retractándose desvergonzadamente de sus declaraciones previas, votó a favor de  la propuesta gubernamental en el seno de la Junta Monetaria en lo que atañe a incrementar el endeudamiento externo.

   El Barómetro Global de la Corrupción arribó a la conclusión que la mayoría de los encuestados en 51 países, “Colocó a los partidos políticos como las instituciones más corruptas”, hasta en naciones que se precian de su transparencia administrativa y de otras naturalezas, y que se les reconoce de esa manera mundialmente, como los casos de Finlandia y Noruega. También se incluye a Alemania, Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Corea del Sur, España, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Israel, Italia, Japón y México.

   Hasta la Policía Nacional Civil de Guatemala sale indemne de estos señalamientos de cohecho, puesto que no se le menciona, en tanto que sí aparecen sus similares de Bolivia, Filipinas, Ghana, Indonesia, México, Mozambique,  Sudáfrica, Tanzania, Uganda, Venezuela y otros países más.

   Otro dato curioso es que una de cada cuatro personas entrevistadas reconoce haber sobornado a servidores públicos durante el año anterior, en ocasión de realizar trámites en instituciones estatales en países en desarrollo, mientras que el 7 % “practicó” el soborno en Estados Unidos y el 5 % en Gran Bretaña; pero tampoco  se menciona a Guatemala.

   Se podría asegurar contundentemente, entonces, que en lo que atañe a sobornos a servidores públicos y actos de corrupción en general, todo lo que se afirma en Guatemala acerca de la falta de transparencia en los negocios del Estado y del  grado de corrupción en las instituciones gubernamentales, así como en torno a la conducta deshonesta de políticos es mera alucinación colectiva, porque vivimos en un país donde la honradez y la decencia de funcionarios y políticos es un símbolo emblemático para los demás habitantes del mundo.

    (La amante del político Romualdo Tishudo lo llama al celular y le dice: -¡Hola, amor! ¿Dónde estás? El líder responde: -En casa, a punto de dormir ¿Y vos ya te acostaste? La mujer replica: –No; estoy en la discoteca, detrás de vos).