Inclusive los niños perciben en el seno familiar, en la calle y entre las amistades flota la expresión generalizada que no hay pisto. De esa manera, persiste suma pobreza y también la desnutrición patente cada vez más. Ya no puede ocultarse semejante problema creciente día a día. Entonces creemos llega a sus oídos este asunto crítico, urgido de su intervención.
No es posible que el resto de las autoridades continúen haciéndose los sordos cuando viene a ser su deber y gorda obligación detener el derrumbamiento en mención. Tantas quejas, denuncias y protestas flotando en el aire. El costo de vida, ni siquiera es de sobrevivencia, repite el pueblo y desesperado está al ver cómo todo alza de precio y nada hacen por detenerlo.
Tiempo de sobra resulta que usted, a título de defensor de los derechos humanos con mano firme demuestre que sí velará por la ingrata e injusta violación de los derechos socioeconómicos, pronto, antes que toquemos fondo, sin pena ni gloria. La tan llevada y traída canasta básica, constituye la soga constante, responsable de la pérdida de vidas, carente de salvación.
Antes solíase decir, por cuanto para representar el papel de agorero, a veces solamente chuscos, les importaba un comino alinearnos forzosamente en tal posición lamentable y sumamente triste. Pero ahora dista sobremanera de chistes y exigir cese el hecho que día tras día suda todo así nomás. Atribuido sencillamente porque les da la gana ahorcarnos, ¿y qué?
Decían los labios colectivos que apenas los combustibles suben otra y otra vez, atrás en bloque mortificante y explotador, hasta «los montes» en mercados cantonales hacían lo propio de parte de vendedores. En tanto la mayoría de compradores caían y caen siempre en el disonante rol de tragar saliva. Que sean los demás quienes actúen, en función egoísta y ruin.
Da la impresión el triste caso de marras que al final pasarán estos desfavorables casos, a semejanza de lo común y corriente; ese posicionamiento refleja tener sangre de horchata en las venas. Pero la desvalorización personal no encaja en los renglones rectos de la vida, sea como sea. Aunque vale la pena volver por nuestros fueros olvidados a menudo.
Tomo el dicho, parte de nuestra identidad nacional que sacando fuerzas de flaqueza recuperamos la esperanza, lo último en perder los seres humanos que sirve de aliento, pese a ubicarnos en posiciones desfavorables. Confiamos también que de repente un cambio indispensable en nuestro proceder, nos devuelva lo perdido en cualquier situación del diario acontecer.
Al acudir a los oídos del Procurador de los Derechos Humanos, a propósito que intervenga más antes que después y cesen las alzas en general, la población afectada, cuyos derechos socioeconómicos son violados experimentará el alivio y solución que espera, en medio de los torrenciales aguaceros epocales, cuyos daños se añaden a una lista de problemas.