Es pesado el fardo de pensiones de jubilados en Taiwán


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La República de China, con asiento en la isla de Taiwán, es un pequeño gigante del sudeste asiático que, con admirable y ejemplar esfuerzo verdaderamente patriótico, se ha erigido en una potencia económica y en todos los demás aspectos.

Marco Tulio Trejo Paiz


Dicho Estado tiene una súper industria que hace honor a la ciencia y a la alta tecnología; tiene una cultura como las mejores del mundo; tiene una economía capaz de satisfacer sus necesidades, incluida la de su población que está pasando ya de 23 millones; vuelca millonadas de dólares estadounidenses para ayudar a países pobres como el nuestro, especialmente cuando se registran eventualidades catastróficas como terremotos, epidemias, pandemias y otros fenómenos naturales que afectan gravemente a los seres humanos, a la obra material, a las viviendas, a la salud, etcétera.

El gobierno taiwanés está concediendo absoluta prioridad a lo problemático de las pensiones que tienen asignadas los jubilados estatales, por cuanto se considera que, al menos  un considerable sector, afronta dificultades para cumplir deberes y obligaciones en la situación de retiro.

Muchos ciudadanos y ciudadanas de la China democrática ignoran que, por el envejecimiento de la población, la isla, como es lógico suponer,  lleva a cuestas un pesado fardo de obligaciones en diferentes sentidos y, de esa guisa, asimismo, debe prestar una atención adecuada en lo que respecta a la salud de la nación.

No se indica cómo andan las pensiones de los eméritos taiwaneses en lo que hace a la cuantía-promedio, pero es de suponer que no bastan a todos los que tienen tales asignaciones para agenciarse los satisfactores indispensables. ¡Y he ahí un problema muy preocupante para el régimen de gobierno que preside Ma Ying jeou, el  timonel de la nave!

En esta pobre Guatemala nuestra también andan volando muy bajo las pensiones de los laborantes del Estado, incluido el IGSS, al que, por cierto, saquean los gobiernos incapaces y corruptos.

Muchas de las pensiones no alcanzan ni para pagar un almuerzo servido en un prestigioso restaurante –chino o chapín– a un matrimonio con un par de patojos… Preferible, se dirá,  quedarse a comer en casa  –no pantagruélicamente hablando que se diga–, pero sí repapilándose una modesta comidilla…

Valga mencionar que los jubilados son, casi por lo general, de la tercera edad. Hay también trabajadores que se retiran  bastante  jóvenes al descanso indefinido, pero puede decirse que, relativamente, son una minoría.

Expliquemos lo que atañe a la vejez de los humanos: La vejez activa, senectud, tercera edad o edad de retiro, que va de los 65 a los 85 años, y la plena o completa vejez, de  los 85 años en adelante, hasta el final: ¡la muerte, que es la liberación de la vida…!

La plena vejez es considerada como decrepitud, o sea la cuarta edad (la última fase de la vida humana).

¡Ah… vida, para que fuera eterna! ¡Juventud, divino tesoro, te has ido para nunca más volver!, se ha dicho poéticamente… Nosotros hemos dicho –y hoy lo reiteramos– que la vida no es más que un ¡ay!!!… prolongado, apenas interrumpido por una carcajada!, lo que significa sufrimiento desde que nacemos, muchas preocupaciones por una parte y, por otra, algunas incidencias de placer, de alegría a lo largo de la existencia.

Debemos mantenernos serenos, estoicos, pensando con devoción en Dios, al presentarse silenciosa y casi insensiblemente, en el tiempo incesable e incontenible, la vejez, la tercera edad y, a la vez, ¡la postrimera  cuarta edad!
La pequeña gran República de China, Guatemala  y, virtualmente, todos los demás países del mundo, llevan a rastras un enorme “contenedor” o pesado lastre  de los jubilados.

 ¡Deseamos que con la más encomiable y positiva justicia posible puedan dar solución los estados a esos ingentes y no menos urgentes problemas!